Elena la miró con frialdad.
—Conozco a la señora Bianca desde hace mucho menos tiempo que usted. ¿De verdad cree que tengo el poder para destruir su supuesta amistad? Y si fuera tan fácil arruinarla, tal vez significa que, para empezar, no eran tan amigas como usted presume.
Beatriz se quedó callada, pensando que en el fondo tenía razón; Bianca no era de las que cortaban lazos de la noche a la mañana por el simple comentario de un tercero.
Entonces, ¿cuál era el verdadero motivo?
Elena decidió ignorarla por completo y entró a la propiedad acompañada de Alejandro y Héctor.
Dante había tenido que regresar a Ciudad del Norte para atender asuntos urgentes de la empresa, por lo que Bianca los recibió sola.
Al ver a Elena y a Héctor entrar por la puerta, los ojos de Bianca se llenaron de lágrimas contenidas.
Rápidamente disimuló su emoción y le pidió a la empleada que preparara café para todos.
—Señora Bianca, qué sorpresa que también conozca a Héctor. Es un mundo pequeño —comentó Elena animadamente.
Bianca la miró con una dulzura infinita.
—¿Ustedes ya se conocían?
—Sí, de hace tiempo —asintió Elena.
Al ver la buena relación que había entre ellos, el corazón de Bianca se llenó de regocijo.
Esto le facilitaría enormemente las cosas para invitarlos a casa en el futuro sin levantar sospechas.
De pronto, Bianca sacó una pequeña y elegante caja de regalo y se la entregó a Elena.
—Muchas felicidades por haber ganado el Premio al Trabajador Científico Destacado. Te preparé este pequeño detalle.
—Muchas gracias, es muy amable de su parte —respondió Elena, recibiéndolo con una sonrisa.
Al abrir la caja, encontró una pulsera bellísima. Era de un diseño discreto pero innegablemente fino; Elena no lograba calcular su precio, por lo que dudó un instante antes de aceptarla.
Bianca se adelantó, tomó la pulsera y se la ajustó cariñosamente en la muñeca. Fue entonces cuando notó el impresionante reloj que Elena llevaba puesto.
—Qué reloj tan deslumbrante. Combina a la perfección con la pulsera que te di —dijo Bianca, genuinamente asombrada.
—Fue un regalo de Alejandro —explicó Elena.
Bianca sintió una profunda aprobación hacia Alejandro.
Lo conocía desde que era un niño y sabía que poseía un carácter intachable.
Durante mucho tiempo había temido que, por su naturaleza fría y reservada, él no supiera cómo valorar y cuidar a una pareja. Pero al ver ese gesto, se dio cuenta de que sus preocupaciones eran infundadas.
—Felicidades por tu premio, Elena —añadió Héctor desde un costado.
Ella le agradeció con una cálida sonrisa.
Alejandro, notando la ligera incomodidad en el aire, intervino hábilmente para suavizar el ambiente.
—La señora Bianca siempre ha sido muy protectora con los más jóvenes. Recuerdo que, cuando era niño y caía enfermo, era ella quien me cuidaba con más dedicación.
En aquellos tiempos, su abuelo tenía una salud frágil y, para evitar contagios, lo enviaban a dormir a un anexo de la propiedad. Sus propios padres brillaban por su ausencia, así que su abuela solía pedirle a Bianca que fuera a velar por él.
Al escuchar la anécdota, Héctor asumió que Bianca era simplemente una mujer de gran corazón, acostumbrada a cuidar de los demás, y no le dio más vueltas al asunto.
Al finalizar la comida, Bianca le pidió a la empleada que les preparara a cada uno unas cajas de mangos de exportación y cerezas frescas.
—Toda esta fruta viene de nuestra propia finca familiar. Tienen un sabor exquisito y son excelentes para la salud. Llévenselas, por favor.
Por dentro, Bianca se moría de ganas de hacerse cargo de cada aspecto de sus vidas, de comprarles casas, autos y llenarles el mundo de lujos; sin embargo, no tenía más opción que reprimirse.
Al tratarse solo de un obsequio frutal, tanto Elena como Héctor aceptaron con gratitud.
Héctor tenía compromisos laborales esa misma tarde, por lo que se despidió de Bianca con impecable cortesía.
Elena y Alejandro hicieron lo mismo poco después.
Al verlos cruzar la puerta y alejarse, Bianca sintió que un vacío enorme se instalaba en su pecho.
Su teléfono vibró. Era un mensaje de Dante.
[¿Ya terminaron de almorzar con los chicos?]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....