La policía procedió a interrogar a las dos niñeras.
Adriana les lanzó una mirada cargada de amenaza, obligándolas a agachar la cabeza y guardar absoluto silencio.
Un rato después, Diego se presentó en la delegación acompañado de su abogado corporativo para pagar la fianza y sacar a Adriana.
Al no contar con pruebas concluyentes de que ella fuera la responsable directa, a los oficiales no les quedó más remedio que darle una severa advertencia y permitir que se marcharan.
Adriana le dedicó a Elena una mirada cargada de soberbia y triunfo antes de caminar del brazo de Diego hacia la salida.
Elena, negándose a quedarse de brazos cruzados, la siguió y le lanzó una advertencia letal.
—Tomé fotos del reporte veterinario en la clínica. Tal vez la ley no tenga pruebas suficientes para encerrarte ahora, pero el daño en esos animales fue intencional. Te sugiero que empieces a tratar bien a esos gatos, porque si me entero de algo más, voy a exponer todo tu caso en redes sociales.
Al escuchar esto, la actitud de Adriana cambió drásticamente frente a Diego, adoptando su mejor papel de víctima acorralada.
—¡Elena, deja de inventar mentiras sobre mí! —dijo con la voz temblorosa—. Yo amo a esos gatitos como si fueran mis propios hijos. Si se lastimaron, fue porque se pelearon entre ellos por un juguete. ¿Cómo te atreves a decir que yo los maltraté? Lo que pasa es que no soportas verme feliz con Diego e inventas todo esto para manchar mi nombre, ¿verdad? Sé que cometí errores en el pasado, pero ya te pedí perdón mil veces. ¿Por qué sigues ensañándote conmigo?
Tras terminar su monólogo, se llevó una mano al vientre, fingiendo que palidecía.
Diego la sostuvo del brazo con suavidad y le dirigió a Elena una mirada glacial.
—Elena, ¿no te parece que estás llevando tu histeria demasiado lejos? Son solo un par de gatos. ¿Era necesario llamar a la policía por una tontería así?
Sin esperar respuesta, escoltó a Adriana hacia la salida y se marchó.
Elena se quedó temblando, muda de la rabia.
Sabía que no eran sus mascotas, pero la injusticia y la crueldad hacia los animales la enfermaban por completo.
Alejandro se acercó en silencio y se paró firme a su lado.
—Aunque la policía no tenga pruebas suficientes, las personas con este tipo de perversiones suelen tener la necesidad de alardear. Es muy común que graben videos de sus abusos y los suban a foros ocultos. Voy a mandar a investigar si Adriana tiene cuentas anónimas donde publique este tipo de material. Si logramos comprobar que está distribuyendo contenido violento, eso constituye un delito federal.
Elena asintió, sintiendo que por fin alguien la respaldaba de verdad.
—Hazlo, por favor.
***
Esa misma noche, Adriana y Diego llegaron a la villa Romero.
Beatriz estaba de un humor de perros tras haber sido rechazada humillantemente por Bianca en la mañana. Al ver entrar a Adriana, toda su frustración se desbordó sobre ella.
—¡Estás embarazada y te pasas el día corriendo de un lado a otro buscando problemas! Y de paso, ¿cuándo piensas deshacerte de esos gatos inútiles? ¡La casa está llena de pelos! ¡Solo traen mala suerte!
Adriana, humillada, volteó a ver a Diego buscando que la defendiera.
Sin embargo, Diego apenas la miró de reojo.
—Hazle caso a mi madre. Necesitas quedarte en casa y descansar; el bienestar del bebé es la prioridad. Y mantén a esos gatos encerrados en tu cuarto, no quiero que anden por ahí molestándola.
Cuando por fin logró refugiarse en su habitación, descubrió a los dos gatitos blancos acurrucados en una esquina de la cama. Se estaban lamiendo mutuamente sus heridas, emitiendo pequeños y temblorosos gemidos de dolor.
Al recordar todas las humillaciones que había tenido que tragar allá abajo, el rostro de Adriana se contorsionó en una máscara demoníaca.
Se acercó a los animales con paso pesado, los agarró bruscamente por el cuello y sacó unas tijeras afiladas del cajón...
***
El cumpleaños de Alejandro estaba a la vuelta de la esquina y Elena quería sorprenderlo con un regalo verdaderamente significativo.
Investigando en internet, descubrió que a la noche siguiente se llevaría a cabo una exclusiva subasta de relojes de lujo en Ciudad del Río, pero no tenía idea de cómo conseguir una invitación.
Si le preguntaba a Alejandro, la sorpresa se arruinaría por completo.
Decidió enviarle un mensaje a Bianca.
Bianca, que llevaba días rompiéndose la cabeza pensando en excusas para verla más seguido, saltó de alegría al leer la notificación y le respondió casi de inmediato.
[Qué casualidad, justo pensaba comprarle un reloj a mi esposo. ¿Qué te parece si vamos juntas?]
El corazón de Elena se llenó de gratitud.
[¡Muchas gracias, señora Bianca! De verdad me salva.]
[No tienes nada que agradecer, mi niña. Ya nos conocemos desde hace tiempo, y la verdad es que no tengo muchas amigas aquí en la ciudad. Puedes buscarme siempre que tengas un tiempo libre.]

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....