—Tranquila, sé lo que hago. Pero si me sale bien, quiero el collar de rubíes que ganaste en la subasta la otra vez.
—Trato hecho.
Después de unas cuantas rondas más, le tocó el turno a Elena contra Serena.
Serena le sonrió con dulzura:
—Elena, eres buenísima cabalgando. Supongo que hoy solo vengo a acompañarte en la carrera.
Elena asintió a modo de saludo. Aunque ya había competido tres o cuatro veces, seguía viéndose tan serena y relajada como al principio; no mostraba ni una pizca de cansancio.
Al verla tan entera, Serena sintió un profundo desprecio.
Si hubiera perdido y se hubiera retirado a tiempo, no tendría que sufrir.
Pero como quiere seguir luciendo, no me culpen por darle una lección.
La carrera comenzó. Elena controlaba las riendas con soltura, manteniendo la espalda recta y un porte envidiable que invitaba a no apartar la mirada.
Incluso Erasmo y Teodoro, que habían estado concentrados en Serena, no pudieron evitar admirar la destreza de Elena.
De repente, el caballo de Serena se asustó, aceleró y embistió directo hacia donde estaba Elena.
Con reflejos rápidos, Elena tiró con fuerza de las riendas y se ladeó para mantener el equilibrio.
Serena se tambaleó y casi cayó al suelo. Afortunadamente, los instructores del club tenían mucha experiencia; estaban cerca y, al ver que Serena perdía el control, corrieron a asegurar el animal.
Cuando los instructores ayudaron a Serena a bajar, estaba pálida y temblando de pies a cabeza.
Erasmo y Teodoro corrieron a consolarla.
Con los ojos llorosos, Serena se lamentó:
—Estoy bien. Fue mi culpa por ser tan torpe. ¡Casi provoco que Elena saliera lastimada!
Ximena se acercó a Elena y le preguntó:
—Elena, ¿te encuentras bien?
Jamás imaginó que Elena reaccionaría tan rápido.
En el pasado, cada vez que Serena usaba este truco, ninguna víctima había logrado evitar caerse y romperse algo.
Elena miró en dirección a Serena y declaró:
—El caballo de Serena parecía muy manso, pero se asustó de repente. Tal vez haya algún motivo especial detrás de eso. Sugiero que se haga una investigación.
El rostro de Ximena se tensó.
Aunque Ximena y Serena nunca le habían caído bien, eran parte de la familia Vargas. Que perdieran contra Elena era un papelón.
Hugo no pudo contenerse y comentó:
—Para que Elena cabalgue tan bien, seguro que Alejandro le enseñó. Sí que sabe cómo manipularlo.
Dante soltó una carcajada burlona:
—Tienes muy mal ojo. Esa forma de cabalgar es idéntica a la de Bianca. En su juventud, Bianca ganó el primer lugar en el Campeonato de Equitación Femenina Ciudad del Norte varias veces. Que Elena haya aprendido de ella y les gane a estas niñas es lo más normal del mundo.
Hugo quedó mal parado y su rostro mostró una mueca incómoda.
En el pasado, Dante y él eran casi hermanos, pero su relación se había ido al garete por culpa del asunto de Bianca. Ahora apenas podían verse las caras.
—Aun así, ella sabe usar sus trucos para congraciarse con Bianca. Te aconsejo que hables con tu mujer y le pidas que se aleje de Elena.
—Los asuntos de mi esposa no son de tu incumbencia.
Rechazado de nuevo, Hugo sintió que le dolía el pecho del coraje.
Avergonzada por el lamentable desempeño de las jóvenes de su familia, Paloma ya no tenía ganas de seguir allí, así que se puso de pie y se fue.
Hugo, sin ánimos de seguir discutiendo con Dante, la siguió.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....