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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 580

Una carcajada colectiva rompió el silencio.

Luciano no tardó en aclarar la situación:

—La pintura es de la señorita Ortiz, y la caligrafía de la señorita Navarro. No es una obra de mi padre.

Eulalia enrojeció de pura vergüenza. Intentó balbucear alguna excusa para salvar su imagen, pero Anselmo ya le estaba entregando el pergamino a su hijo:

—Esta pieza es digna de coleccionarse. Luciano, guárdala, por favor.

Luego se volvió hacia Elena y Amelia con una sonrisa:

—Ya que me han regalado una obra tan bella, es justo que yo les regale una de las mías. Más tarde, Luciano las llevará para que elijan la que más les guste.

Amelia soltó una carcajada encantada:

—Maestro Anselmo, es usted demasiado amable. ¿Cómo vamos a comparar nuestro pasatiempo con sus obras maestras?

—Si yo digo que es bueno, es bueno. ¿Acaso dudan de mi ojo clínico? —bromeó el pintor.

Hugo, asumiendo que Anselmo solo estaba siendo cortés, intentó entablar conversación con él antes de lanzar su ataque:

—Mi hija Eulalia es una gran admiradora de su arte. Me encantaría comprar una de sus obras para regalársela.

Anselmo soltó una risa sonora y tajante.

—Director Valiente, mis obras solo las adquieren quienes las entienden. Su hija acaba de demostrar que no tiene ni idea de mi estilo, dudo mucho que aprecie verdaderamente mi arte.

Hugo, visiblemente molesto, intentó insistir, pero Anselmo lo cortó en seco:

—Agradezco su interés, pero vender arte es cuestión de conexión. Por favor, no insista.

—¿Hay algún problema con su trabajo? —preguntó Hugo, frunciendo el ceño.

—Eulalia tiene talento, sin duda —respondió el director Medina con tacto—, pero considero que aún no está lista para liderar el proyecto PD-1. El progreso ha sido mucho más lento de lo que anticipamos.

—Apenas acaba de regresar al país y aún se está adaptando —replicó Hugo, ofendido—. Si el proyecto va un poco lento, ¿qué importa? Yo soy el inversionista y no me estoy quejando. ¿No está siendo demasiado duro con ella?

Al notar su ciego favoritismo, el director Medina supo que era inútil discutir. Intercambiaron un par de formalidades y colgó.

Sin embargo, las palabras del director dejaron a Hugo intranquilo. Llamó a Eulalia de inmediato:

—Hija, ¿alguien te está haciendo la vida imposible en el trabajo? Si es así, dímelo. Nadie se atreve a humillar a la hija de Hugo.

Eulalia estaba en un centro comercial en ese momento. Desde que había empezado a medicar a Bianca, la mujer andaba tan despistada que le había transferido su mesada dos veces esa misma semana.

Obviamente, Eulalia no dijo ni una palabra, tomó el dinero y se fue de compras. Últimamente, dedicaba mucho más tiempo a la buena vida que al laboratorio.

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