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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 730

—Soy su prima —respondió Elena con sequedad.

—Y yo soy el tío —agregó Diego.

El animador sonrió con entusiasmo.

—¡Vaya, no me equivoqué! Y si resulta que ambos están solteros, quién sabe, quizás hoy nazca una hermosa historia de amor. ¡No sería la primera vez! Ya hemos tenido el caso de una tía y un tío que se conocieron en una de estas reuniones, hubo chispa y hasta nos invitaron a la boda a mí y al profesor titular.

El público de padres estalló en aplausos y murmullos divertidos.

Diego parecía disfrutar inmensamente de la situación, con una ligera sonrisa en el rostro.

Elena, por el contrario, mantenía una expresión gélida.

No quería tener la más mínima relación con Diego.

El juego se reanudó y, una vez más, Diego le cedió el paso intencionalmente, permitiendo que Elena se quedara con la silla.

—Ambos son un par muy atractivo —insistió el animador, buscando la complicidad del público—. ¿Qué dicen? ¿Aprovechamos la oportunidad para que intercambien números de teléfono?

Antes de que Diego pudiera abrir la boca, Elena lo cortó de raíz.

—No estoy soltera. No es necesario.

El animador se quedó en blanco por un segundo, visiblemente incómodo.

—Jaja, bueno, qué lástima. En ese caso, le deseamos mucha felicidad a usted y a su pareja. Gracias a ambos por participar, pueden regresar a sus asientos para continuar con la reunión.

Al escuchar la tajante respuesta de Elena, el rostro de Diego se ensombreció. Apretó los labios con frustración y bajó del escenario en silencio.

Cuando la reunión concluyó, los alumnos tenían la tarde libre. Elena tomó a Ariadna de la mano, dispuesta a llevarla a almorzar antes de volver a casa.

La salida de la escuela era un caos de personas; Elena y Ariadna avanzaban a paso de tortuga entre la multitud.

Diego se acercó con Lisandro a su lado.

—Ven conmigo, te llevaré por otra salida donde no hay tanta gente —le ofreció él.

—No hace falta —rechazó Elena, sin siquiera mirarlo.

Diego intentó insistir, pero Elena tomó a Ariadna y se abrió paso entre la gente lo más rápido que pudo, huyendo de él como si fuera la peste.

Lisandro tiró del brazo de Diego y le preguntó:

—Tío, ¿tú y Elena ya terminaron?

Diego ignoró la pregunta.

—Vamos a comer.

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