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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 824

¿Cómo era posible?

¿Acaso Elena estaba a la misma altura intelectual que el hijo de la señora Cruz?

—¿No les parece bellísima? —comentó la señora Cruz—. Si así de deslumbrante luce sin una gota de maquillaje en la foto, ¡imagínense en persona! Con razón mi hijo quedó fascinado. Pero lo más importante es su intelecto; un genio así nos daría unos nietos igual de brillantes.

—Tiene un porte espectacular, a leguas se nota que no es alguien del montón. Hasta yo estoy encantada con ella —suspiró una de las mujeres.

Elena, que había ganado algo de peso debido a los tratamientos hormonales en el pasado, ya había recuperado su figura envidiable y lucía un aura elegante, madura y deslumbrantemente inteligente.

Al escuchar que todas se deshacían en elogios hacia Elena, el rostro de la señora Vargas se iluminó con orgullo.

¡Esa mujer era la pareja de Alejandro!

Bastaba con que ella diera su aprobación para que Elena fuera oficialmente su nuera.

Esa mujer que todas envidiaban ya le había dado una nieta a la familia Vargas.

Pensar que la pequeña Aurora crecería para ser un pequeño genio le llenó el pecho de satisfacción.

Esa noche, llegó a la mansión de excelente humor.

Pensó que valía la pena llamar a su hijo. Si Elena daba el primer paso y se humillaba un poco para pedir disculpas, ella dejaría de buscarle pretendientes a Alejandro y, con el tiempo, la aceptaría en la familia Vargas.

Así que, sacó su celular y le llamó.

En cuanto contestaron, se escuchó la gélida voz de Alejandro:

—¿Qué quieres?

A la señora Vargas le cayó como un balde de agua fría.

Pero aun así, soltó todo lo que había planeado decirle.

—Ella nunca te ha faltado al respeto, ¿por qué tendría que humillarse ante ti? —respondió Alejandro con desdén—. Si quieres darnos órdenes con tu complejo de superioridad, búscate a otros que te aguanten.

Y, sin más, le colgó.

Por muy brillante que fuera, esa mujer le había hecho pasar por humillaciones imperdonables.

¿En qué universo se permitía que la generación joven desafiara a sus mayores con tal descaro?

Al ver que la duda se asomaba en su rostro, Liana continuó destilando su veneno:

—Para domar a una nuera se necesita paciencia. Tienes que demostrarle que tienes el poder. Solo así aprenderá a agachar la cabeza.

—¿Y qué sugieres que haga?

La señora Vargas siempre había admirado la inteligencia y el tacto de Liana y Oihana para manejar a sus familias a la perfección, algo que a ella le costaba horrores.

—Tanto Alejandro como Elena están tapados de trabajo, y Dante necesita a Bianca a su lado —argumentó Liana—. Bianca no podrá quedarse para siempre en Ciudad del Río. Ahí es donde entras tú.

Finge que haces las paces con Elena. Pasa tiempo con la niña y, poco a poco, ve metiéndole ideas en la cabeza. Haz que la niña se vuelva en contra de Elena y que solo te haga caso a ti.

Aurora es la luz de los ojos de Alejandro y Elena. Si te ganas a la niña, los tendrás a los dos comiendo de tu mano. Tal vez ellos no te hagan caso, pero Aurora es solo un bebé, una hoja en blanco que tú puedes moldear. ¿No te parece perfecto?

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