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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 831

Cuando Elena terminó de trabajar y llegó a casa, ya eran las once y media de la noche.

Lo primero que hizo fue entrar a la habitación. Al ver el rostro angelical de su hija durmiendo, todo el cansancio de su cuerpo desapareció al instante.

Bianca le calentó un poco de sopa y, mientras la veía comer, le preguntó con preocupación:

—Has estado muy ocupada últimamente, ¿tu cuerpo lo resiste?

—El proyecto ADC que dirijo avanza muy bien —explicó Elena—. Ya estamos en la fase de ensayos clínicos. Solo será un poco más de trabajo pesado y luego me relajaré.

Bianca se alegró muchísimo por ella.

—Qué alivio. Eso significa que tu carrera subirá a otro nivel —dijo, pero luego suspiró—. Sin embargo, Alejandro se ha quedado todos estos días en Ciudad del Norte cuidando a la abuela Vargas. Ya llevan una semana sin verse, ¿verdad? Aurora no deja de decir que extraña a su papá.

Con la bajada de las temperaturas, la anciana Vargas se había contagiado de gripe y luego se le complicó con una neumonía.

Al salir del trabajo, Alejandro iba directamente a cuidarla, por lo que no había podido viajar a Ciudad del Río.

Elena había ido a visitarla una vez. Al verla tan frágil, también se le partió el corazón.

Sabía lo profunda que era la relación entre Alejandro y su abuela, así que apoyaba totalmente que se quedara a cuidarla hasta que se recuperara.

El problema era que las defensas de la anciana estaban bajas, y nadie sabía cuánto tardaría en sanar.

A la noche siguiente, Elena salió temprano del trabajo.

En cuanto Aurora la vio, extendió sus bracitos pidiendo que la cargara.

Elena la abrazó un rato, pero la pequeña comenzó a inquietarse y a balbucear la palabra «papá». Era evidente que lo extrañaba.

Elena le envió un mensaje a Alejandro para saber si tenía tiempo de hacer una videollamada.

Rápidamente, la pantalla se iluminó con la llamada de él.

De fondo se veía la habitación del hospital.

En cuanto Aurora vio a su papá, sus enormes ojos se llenaron de lágrimas y empezó a llorar de forma desconsolada.

—Papá...

Alejandro solía pasar mucho tiempo con ella, así que la niña era muy apegada a él.

—Papá... papá.

Elena le acarició la cabecita con dulzura.

—Papá volverá en unos días, mi amor. Hay que tener un poquito de paciencia, ¿sí?

La pequeña asintió, aunque sin entender del todo, con los ojitos aún rojos por la tristeza.

En la habitación del hospital, Alejandro arropó a su abuela, quien ya se había quedado dormida tras tomar sus medicinas.

Al salir al pasillo, se encontró con la señora Vargas y Leticia.

La espalda de su madre ya estaba curada, y como la señora Santor le había dado un par de escarmientos en el pasado, la señora Vargas prefería no ir a Ciudad del Río a buscar problemas.

Durante la hospitalización de la anciana, su madre iba una vez al día y solo se quedaba media hora.

Alejandro sabía que ella nunca le había tenido cariño a su abuela, así que no le dio importancia a sus visitas breves.

Pero el hecho de que hubiera traído a Leticia dejaba claro que no tenía buenas intenciones.

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