Cuando tomó el reporte médico de manos del doctor, sus manos temblaban al abrirlo.
Al ver la fecha que indicaba la interrupción del embarazo, sus ojos se inyectaron en sangre al instante.
—Se hizo un legrado... ¿Por qué? ¿Cómo pudo pasar esto?
El doctor lo miró extrañado.
Sin embargo, le explicó la situación.
—Ese embarazo fue un verdadero milagro, por eso le insistí tanto en que lo conservara. Durante la gestación, la paciente siguió todas las indicaciones médicas, pero ocurrió un accidente y perdió al bebé. La persona que la acompañó ese día fue una amiga. ¿Usted es su esposo y apenas se entera? Qué irresponsable de su parte.
Dicho esto, el médico le dirigió una mirada de pura condena.
Diego repasó el reporte una y otra vez, rezando para que todo fuera una alucinación.
Había deseado tanto tener un hijo con Elena.
Nunca imaginó que había estado tan cerca de la felicidad, y que él mismo la había destruido con sus propias manos.
Odió a su versión del pasado.
Si al menos se hubiera preocupado un poco más por ella, habría notado los cambios en su cuerpo.
Al ver su expresión devastada, su asistente preguntó:
—Director Romero, ¿se encuentra bien?
El dolor que le atravesó el pecho superó cualquier límite soportable.
De repente, sintió un sabor metálico en la garganta.
—¡Director Romero!
El asistente lo miró, incrédulo y aterrado, al verlo escupir sangre.
Esa noche, Diego no volvió a su departamento. En su lugar, condujo hasta la casa que alguna vez había compartido con Elena.
Hacía muchísimo tiempo que no pisaba ese lugar.
Adriana se había encargado de borrar cualquier rastro de que Elena hubiera vivido allí.
Sentado en el sofá, su corazón seguía doliendo profundamente.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....