Solo entonces Diego se dio cuenta de que su hermana le había tendido una trampa.
Él no tenía la menor intención de volver a casarse. Además, Rosalía tenía un aspecto bastante común y definitivamente no era su tipo.
Rosalía ya estaba al tanto de la situación de él y le encantaba su apariencia y elegancia, así que tomó la iniciativa:
—Ya conozco tu situación. Quizás tú no conozcas la mía, pero estuve casada una vez y tengo una hija de cinco años.
»A nuestra edad, tratándose de un segundo matrimonio, seré directa: los primeros dos años disfrutaremos de nuestro tiempo en pareja. Cuando la relación sea estable, traeremos a los niños a vivir con nosotros. Mi hija siempre ha sido muy consentida y, como el tuyo es niño, tendrá que aprender a ceder ante ella, ¿te parece bien?
»Ah, y como mucho, solo aceptaría tener un hijo más. Y tus padres no podrán vivir con nosotros; no quiero lidiar con problemas de suegra y nuera.
Diego frunció el ceño con disgusto.
Esa mujer tenía demasiadas exigencias. Ni siquiera había aceptado salir con ella y ya se sentía con el derecho de imponer condiciones.
Al ver que él no respondía, Rosalía se molestó un poco.
—¿Por qué no dices nada? No me gustan los hombres evasivos. Dejar que la mujer tome toda la iniciativa es de muy mal gusto. Por cierto, ¿cuál fue el motivo de tu divorcio? Espero que no haya sido por una infidelidad. Te aclaro de una vez que no soporto a los infieles; la lealtad es la cualidad principal que busco en un esposo.
Valeria intervino con una sonrisa conciliadora.
—Tus condiciones son muy razonables. El carácter de nuestro Diego es impecable. Simplemente tuvo mala suerte y se topó con una mujer calculadora que solo sabía armar escándalos en casa y desviar dinero a la familia de ella. Como la situación era insostenible, terminaron divorciándose.
Rosalía asintió con superioridad.
—Ya veo. Ustedes, los hombres, son todos iguales. Creen que si encuentran a una chica bonita de una clase social inferior, ella los obedecerá y los tratará como reyes. Pero no se dan cuenta de que esas mujeres solo buscan su dinero y nunca los amarán de verdad. Para casarse, lo ideal es estar al mismo nivel y tener temas en común.
Diego no sentía el menor interés en ella, así que, tras escucharla, le preguntó:

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....