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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 981

Raúl no tenía idea de lo que le esperaba en el futuro.

Si momentos antes desbordaba arrogancia, ahora solo sentía vergüenza y una profunda humillación.

Se levantó del suelo con gran dificultad, con un único pensamiento en la mente: salir de allí lo más rápido posible.

Sin embargo, la cabeza le daba tantas vueltas que tropezó y volvió a caer pesadamente.

Javier se acercó, sin ocultar su expresión de burla y deleite.

—Raúl, ¿quieres que te ayude a llegar a una habitación para que descanses?

—No hace falta —respondió Raúl con voz débil.

Hizo un esfuerzo sobrehumano para ponerse en pie y, apoyándose contra la pared, se marchó a rastras.

Javier esperó a que desapareciera por el pasillo antes de soltar una risa desdeñosa.

¿De dónde salió este sinvergüenza? —pensó—. Atreverse a codiciar a Elena... Con esa actitud tan miserable, ¿acaso cree que está a su altura?

Una semana después, Elena y Javier se reunieron para consultar algunos asuntos legales.

Al terminar de revisar los documentos, Javier cambió de tema repentinamente.

—¿Alejandro te contó que le dio una paliza a Raúl? Ese día le voló un diente. El tipo apenas podía caminar.

Elena se quedó pasmada.

—¿Cuándo pasó eso?

Últimamente no se había cruzado con Raúl en ningún evento. ¿Sería por la golpiza que le dio Alejandro?

—Hace una semana —explicó Javier—. Alejandro vino a la fiesta de cumpleaños de mi madre. Ese tipo, el tal Raúl, estaba presumiendo a gritos y diciendo un montón de vulgaridades. Alejandro no lo soportó y le rompió la cara.

Al volver a casa, Elena sacó el tema con Alejandro.

—¿Te lo contó Javier? Vaya que tiene la lengua suelta.

Alejandro acababa de salir de la ducha y estaba en el vestidor poniéndose ropa cómoda.

Elena se quedó a un lado, observándolo. Se acercó para tocarle el abdomen marcado y lo regañó con suavidad.

—No vuelvas a usar los puños la próxima vez.

Alejandro le dirigió una mirada intensa.

Ella le tomó la mano con delicadeza para examinarla.

Sofía había alquilado un apartamento cerca de la universidad y vivía allí con Brisa Santoro. Brisa no solo la asesoraba en sus estudios, sino que también cuidaba de ella en el día a día.

Sofía le había mandado varios mensajes a Alejandro insistiéndole en que le subiera el sueldo a Brisa.

En el aeropuerto, al ver a Elena y a Alejandro, Sofía no pudo contener la emoción y corrió a abrazar a su hermosa cuñada.

Estaba un poco más bronceada que cuando vivía en su país natal, lo que le daba a su piel un brillo saludable y radiante.

—¡Mi presentación es hasta esta noche! —dijo con una sonrisa deslumbrante—. Tenemos tiempo de sobra. ¡Vamos a comer algo!

Brisa iba al volante.

Cuando Elena y Alejandro subieron a la parte trasera del auto, notaron un broche de hombre olvidado en el asiento.

Sofía también lo vio y, presa del pánico, lo guardó a toda prisa.

Elena sintió curiosidad, pero al ver cómo Sofía esquivaba la mirada, decidió no presionar el tema.

Alejandro apretó los labios, a punto de exigirle a su hermana que le dijera de quién era el broche, pero Elena le dio unas palmaditas en la mano para calmarlo. Él guardó silencio.

Sofía suspiró aliviada, creyendo que la pareja no se había dado cuenta de nada.

Más tarde, en el restaurante, Elena y Sofía se levantaron para ir al tocador.

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