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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 980

Uno de sus amigos exclamó, lleno de envidia:

—¡No me digas! ¡Además de preciosa, es una genio!

Raúl disfrutaba enormemente de los halagos.

Conseguir a una mujer bonita para pasar el rato no era la gran cosa, pero atrapar a una que combinara belleza deslumbrante y un cerebro brillante, eso sí era un verdadero logro.

En su círculo social, a la hora de elegir esposa, los hombres solían enfocarse en el apellido y la fortuna, o bien en los títulos universitarios, o simplemente buscaban a alguien dócil que cuidara de la casa. Y, por lo general, si cumplían esos requisitos, no se podía exigir que además fueran despampanantes.

Y si elegían a alguien solo por su físico, solían terminar con una cara bonita que no servía para mucho más que de adorno en los eventos.

Para Raúl, Elena no tenía ni un solo defecto. Aunque parecía provenir de una familia común y corriente, a él eso le importaba poco.

Le fascinaba su elegancia innata, su inteligencia y esa belleza de clase mundial.

Lucirla en público le daría un estatus inigualable.

Mientras escuchaba la conversación desde las sombras, el rostro de Alejandro se oscureció drásticamente.

Le hervía la sangre al descubrir que su esposa estaba siendo tratada como un pedazo de carne, juzgada y exhibida como un trofeo por un grupo de niños ricos sin cerebro.

Sin pensarlo dos veces, se puso de pie y caminó directamente hacia Raúl.

Cuando Raúl lo vio acercarse, se quedó sorprendido.

La familia Cortés había producido varios abogados de renombre, por lo que a la fiesta de la señora Cortés habían asistido unas cuantas figuras importantes.

Alejandro era una de las más destacadas.

Sin embargo, tanto Raúl como sus amigos sabían perfectamente cuál era su lugar; alguien del calibre de Alejandro no era el tipo de persona a la que ellos pudieran siquiera acercarse para charlar.

Aun así, al verlo frente a ellos, Raúl y los demás se apresuraron a saludar con exagerado respeto:

—Director Vargas.

Todos se preguntaban, llenos de intriga, a qué se debía el honor de su presencia.

Raúl extendió la mano, intentando estrechar la de Alejandro.

Alejandro lo miró con una frialdad gélida y correspondió el gesto.

A Raúl le dio un vuelco el corazón por la emoción; jamás imaginó tener semejante golpe de suerte en una noche cualquiera.

Si lograba hacerse amigo del gran Alejandro, tal vez en el futuro su humilde empresa podría conseguir un contrato con el Grupo Vargas.

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