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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 271

En la cocina.

Martina también había escuchado los disparos de afuera, así que se escondió lo mejor que pudo.

Afuera todo era un caos, pero la cocina estaba en silencio, y nadie entraba.

Así que Martina ahí estaba bastante a salvo.

Cuando por fin se acabaron los disparos, aun así no se atrevió a salir. Estaba esperando a que Cecilia fuera por ella.

De pronto oyó pasos. Se le subió el corazón a la garganta.

¿Y si eran los delincuentes?

Cecilia estaba sola contra tantos… capaz que ya la habían atrapado.

Y entonces ella tampoco iba a poder escapar…

Se le empezó a poner el cuerpo helado del miedo.

De golpe, alguien levantó la tapa del contenedor.

—¡Ah! ¡No me agarren! ¡No me agarren! —gritó Martina.

El que llegó venía jadeando y, de inmediato, la sujetó del cuello.

—Ni te muevas… y cállate —le advirtió el hombre en voz baja.

¡Estaba herido!

Para evitar que lo encontraran, se había metido ahí buscando dónde esconderse. Pero no se esperaba que dentro hubiera alguien.

Martina lo miró, aterrada: tenía un balazo en el brazo y todavía estaba sangrando.

Al escuchar que alguien se acercaba afuera, el hombre la jaló y se escondieron a un lado.

Quien entró era Camilo. Revisó el contenedor y vio que estaba vacío.

No pudo evitar sospechar: Jefa había dicho que estaba ahí dentro.

¿Entonces dónde estaba?

¿Se habría salido?

Justo cuando Camilo iba a irse, vio sangre en el piso.

Aún no se secaba; debía de haber caído hacía muy poco.

De inmediato se puso alerta y avanzó, paso a paso, hacia donde estaba el montón de cosas arrumbadas.

A Martina se le hizo un nudo en la garganta.

En ese momento ya no sabía cuál de los dos era el bueno y cuál el malo.

Pero conforme Camilo se acercaba, el tipo que la tenía sometida se puso todavía más nervioso.

Ahí Martina entendió: eran enemigos.

—¡Ayuda! —gritó.

—¡Cecilia! —Martina corrió hacia ella y la abrazó.

—Pensé que ya no te iba a volver a ver… —Martina se soltó a llorar, como si acabara de salvarse de milagro.

—Ya pasó. Ya estamos a salvo. Vámonos, regresamos a casa —Cecilia la subió a la lancha.

La lancha arrancó. Ya sentados adentro, nadie decía nada.

Estela estaba hecha un desastre. Con solo pensar en lo de esa noche… que ese tipo asqueroso la había arruinado… no podía con eso.

Y, para colmo, Cecilia lo había visto.

Se quedó recargada en una esquina, sin decir una palabra, con la mirada perdida.

Berta estaba un poco mejor.

A ella no la habían agredido; solo se había escondido dentro de un bote de basura, y todavía traía encima ese olor rancio.

En eso, el celular de Cecilia sonó.

Era Saúl.

Antes, en el barco, la señal había estado pésima y no entraban las llamadas.

Saúl vio que ya era tardísimo y ella no regresaba; se preocupó de verdad y mandó gente a buscarla.

***

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