Grupo Fonseca.
Ese día era el primer día de Mónica en la empresa.
Traía su gafete y se quedó viendo el nombre: Maribel Cabrera.
Su papá quiso que empezara desde abajo para “fogearse”, así que hasta le cambió el nombre.
Iba con el apellido de su mamá, Karina Cabrera.
Era su primera chamba y al principio hasta le emocionaba.
«¿Cómo se sentirá ser empleada de verdad?»
Al llegar a la oficina de ventas, vio a todos ocupadísimos.
—Hola, soy nueva. Me llamo Maribel Cabrera. ¿Tú eres Liliana? —preguntó.
Una mujer frente a la computadora ni levantó la cabeza.
—Yo soy. ¿Qué necesitas?
—Me mandaron contigo para que me capacites un tiempo.
Liliana por fin alzó la vista, la barrió de arriba abajo y señaló un lugar vacío.
—Ahí. Ese es tu lugar.
Mónica llegó a su escritorio y se puso contenta.
«¡Ya tengo lugar!»
Esta vez sí iba a vivir la experiencia completa.
—Oye, nueva, tráeme un café —le soltó Liliana.
—¿Un café? —Mónica se quedó pasmada.
Ella venía a trabajar, no a ser mandadera.
—¿Qué? ¿Se te hace mucho hacer un café?
Mónica pensó que, como era nueva y necesitaba que la capacitaran, mejor lo hacía.
Cuando regresó con el café, sonrió.
—Liliana, ¿qué hago ahora?
Liliana ni alcanzó a contestar cuando otra compañera le hizo señas.
—Nueva, llévame esto con el de finanzas, ¿sí? Gracias.
Mónica tomó el documento, paralizada.
—Y lo mío llévalo a Recursos Humanos —dijo otra, sin voltearla a ver.
Mónica sintió cómo se le subía el coraje.
Ella venía a trabajar, no a andar de mensajera.
Pasaron unos segundos. Nadie le contestó.
Qué oso.
Como señorita Fonseca, siempre la trataban con algodones.
Nunca la habían ignorado así.
Pero esas dos personas la trataron como si no existiera.
Mónica se encendió.
¿Así era la gente aquí de fría?
Y si ni esto podía resolver, se iban a burlar de ella.
Era su primer día; no podía quedar en ridículo.
Sacó el celular y le marcó a Cecilia.
—Amiga, sálvame.
Cecilia estaba en la escuela. Al ver la llamada, suspiró.
—Mónica, ¿ahora qué hiciste?
—Cecilia, hoy empecé a trabajar y no sé usar la copiadora. ¡Nadie me ayuda! Ya me tienen hasta la madre. ¡Sácame de aquí, por favor!

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