—Sí, vino conmigo. Su familia hoy está ocupada y me pidieron que lo cuidara. Lo dejé en una sala de descanso y no sé cómo se salió y se vino para acá. No se lo tomen a pecho, de verdad no lo hizo a propósito —dijo Cecilia, protegiendo a Leandro detrás de ella.
—Señorita Cici… tengo miedo… —Leandro se echó a llorar—. Me pegaron…
—Pues… sí parece que de verdad no entiende.
—Si es así, ya déjenlo.
—Pobrecito.
Miriam, al ver que la gente empezaba a suavizarse, se molestó.
—¿Y eso qué? Cecilia, si sabías que estaba mal, ¿para qué lo traes a la empresa? De veras no entiendo qué traes en la cabeza.
Teresa Galindo, al ver que estaban atacando a Cecilia, se acercó a ayudarla.
—Miriam, Cecilia lo hizo por buena onda. Yo me disculpo por ella. Ya déjenlo así. Es una persona especial; él no eligió estar así. Los que estamos bien… pues tengamos tantita empatía.
—¿Y tú qué? ¿Quién te crees? —soltó Miriam—. ¿Ahora resulta que Cecilia trae a un enfermo a la empresa y todavía tiene razón?
Miriam siguió aferrada, y Teresa bajó la mirada, sin saber qué más decir.
Pero Cecilia respondió:
—Yo no me equivoqué en traerlo. Me equivoqué en no cuidarlo bien. Miriam, si tienes bronca, repórtalo con quien corresponda. Y si te alcanza, que me corran. Sé que te caigo mal. Pero si no te da, entonces no estés aquí nada más hablando por hablar.
Cecilia terminó de decirlo, se llevó a Leandro y se alejó de la gente.
—¡Tú… Cecilia, ya verás! —Miriam estaba que reventaba.
Se fue directo a la oficina de Nadia.
Nadia la vio entrar.
—Directora Nadia… ¿Cecilia tiene palancas?
Nadia sí quiso darle una pista, al menos un poco. Después de todo, Miriam llevaba años en la empresa.
Así que se lo dijo por encimita:
—Sí. Ya con eso deberías entender. Hay cosas que no me interesa decir tan directo.
—Ya sé. Su palanca es Teresa, ¿no? Dicen que son hermanas. Además, a Teresa yo la formé. ¿Eso qué? ¿Ahora por Teresa va a dejar que se quede alguien así?
Nadia la miró. Pensó que Miriam era lista.
Pero su visión era demasiado corta.
—Miriam, ¿puedes dejar de ver a Teresa como tu enemiga? Son compañeras. Pon tu energía en tus diseños, no en estarla atacando. Te la pasas pensando en ella y no sé ni qué decirte. Ya te dije lo que te tenía que decir. Lo demás, piénsalo tú. Pero Cecilia no la voy a correr. Aunque te vayas tú, ella se queda.

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