—Uy, ¿primer lugar de toda la generación? —dijo Olivia a propósito—. Cuñada, tu hijo sí que va a llegar lejos.
A Patricio se le puso peor la cara.
El hijo de otros era el número uno; el suyo, de los últimos.
—Olivia, no exageres —dijo Thiago con modestia—. Hoy en día las calificaciones no lo son todo. Si alguien “llega lejos” o no, se ve con el tiempo.
La abuela le echó un vistazo a Alonso.
—Alonso, aprende de Benjamín. Son de la misma edad y van a la misma escuela. Si él puede quedar en primer lugar, ¿tú en qué lugar quedas? ¡Ponte las pilas!
Alonso torció la boca, claramente molesto.
Antes, la familia de Benjamín ni podía entrar a la mansión. Ahora no solo se sentaban a la mesa, sino que encima lo dejaban mal parado. Le daba coraje.
En la escuela había querido darle una lección, pero Benjamín siempre traía a Ignacio Cabrera pegado como sombra, y no podía hacerle nada.
Después de comer, Cecilia ya estaba aburrida y decidió irse de la casa de los Galindo.
Esa gente, cada quien con sus mil mañas… no le daban ganas de verlos.
—Benjamín, ven. Te voy a dar algo —le dijo Daniel a Benjamín.
—¿Y qué le vas a dar? ¿Por qué tan misterioso? —hasta Cecilia preguntó, curiosa.
—Vamos, acompáñenme —Daniel sonrió.
Los tres salieron de la mansión y fueron a una agencia.
—Daniel, ¿para qué me trajiste aquí? ¿Vas a comprar carro? —preguntó Benjamín.
—Es para ti. Mira, ¿te gusta ese? —Daniel señaló un convertible.
—¡Está bien chido! —Benjamín se quedó fascinado al instante.
—A la empresa le fue bien. Sé que siempre te daba envidia que Alonso tuviera deportivo, así que hoy te toca a ti. Toma.
Daniel le aventó las llaves.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia