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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 355

Cecilia vio la carita de bobo de Adrián y ya no aguantó.

—No, Adrián, ¡eres un crack!

A Adrián le subió el ánimo y se puso todavía más contento.

—Te canto otra…

Cecilia se quedó sin palabras.

Al verlo echándole tantas ganas a su “show”, Cecilia no supo si reír o llorar… y al final se le salió la risa.

—¡Ceci, por fin te reíste! ¡Siii! ¡Voy a decirle a mamá! ¡Te reíste!

Dicho eso, Adrián salió corriendo, feliz, a presumir su logro.

Cecilia negó con la cabeza. No entendía por qué se estaba riendo si, por dentro, le dolía tantito.

Antes, ella pensaba que los sentimientos no servían para nada.

Nunca los necesitó.

Y además se creía de corazón duro, de las que no se clavan.

Pero al final, sin darse cuenta, fue entregando el corazón poco a poco… y acabó con las manos vacías.

Resultó que hasta el corazón más duro también se quiebra.

Por suerte, no se había hundido del todo.

En un abrir y cerrar de ojos, pasaron otros dos días.

Martina salió ese día para comprarle a Camilo algo para que se recuperara y hacerle un caldo ella misma.

No esperaba que, de repente, alguien apareciera por detrás… y la dejara inconsciente de un golpe.

Cecilia llegó al hospital y no vio a Martina.

—¿Y Martina? ¿No estaba aquí todo el tiempo?

—No sé. Hoy salió y todavía no regresa.

—¿Cómo te sientes? —Cecilia miró a Camilo.

—Mucho mejor. Jefa, ¿te quedas conmigo un rato? —Camilo le agarró la mano, en plan encimoso.

Cecilia se la zafó de inmediato.

—No estés de intenso.

Camilo hizo un puchero.

Ella iba a atrapar con sus propias manos a ese traidor.

Cecilia salió del hospital y le entró una llamada de Sebastián Fernández.

—Sebastián, ¿qué pasó?

—Cecilia, estamos mal… A Teresa se la llevaron en la calle. A mí me noquearon y apenas me acabo de despertar. ¿Qué hacemos? —Sebastián estaba hecho un manojo de nervios.

Todavía le escurría sangre de la cabeza.

Ese día había ido a ver a Teresa Galindo. Iban caminando cuando se toparon con un grupo de tipos.

A él lo dejaron inconsciente y Teresa desapareció; seguro se la llevaron.

Teresa siempre decía que, en su casa, la más lista era Cecilia, la que tenía más cabeza.

Pasara lo que pasara, era con ella con quien había que hablar.

Por eso Sebastián la llamó de inmediato.

—¿Dijeron algo?

Sebastián lo pensó un momento.

—Creo que mencionaron algo de… Lobo…

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