Por proteger a Cecilia, él también salió herido.
Le hicieron varios cortes.
Y, sobre todo, cuando se metió para taparle el golpe, Lobo le encajó la hoja con fuerza en el hombro.
—¡Zacarías! —gritó Cecilia.
Le corría sangre de la boca.
Con los ojos rojos, levantó la navaja y se fue sobre Lobo para vengarlo.
Lobo le agarró la mano.
—Ahorita no eres rival. Mírate: ni siquiera sostienes el cuchillo. ¿Con qué me vas a pelear? Ríndete.
Lobo le apretó la mano; Cecilia no pudo zafarse.
Entonces, por atrás, alguien la picó; le aparecieron más heridas.
—¡Suelta a la jefa! —Zacarías se lanzó.
Lobo tuvo que soltarla. Cecilia se desplomó al suelo: de verdad ya no tenía fuerzas.
La ropa estaba hecha jirones, la piel abierta y manchada de sangre.
Querían matarla. Zacarías se plantó enfrente, a fuerza.
Él ya estaba herido por todos lados.
—¡Espérate! —gritó Cecilia de pronto.
Lobo hizo una seña para que pararan. Los pocos que quedaban se detuvieron.
—¿Qué vas a decir?
—Yo me quedo. Haz conmigo lo que quieras… pero déjalo ir a él, y suelta también a Martina.
—¿Lo dices en serio? —preguntó Lobo, incrédulo.
—En serio.
Si esto seguía así, Zacarías iba a morir ahí.
Ella no podía verlo morir.
—No, jefa. No me voy. Aunque me muera, me muero contigo —dijo Zacarías, cubriéndola con el cuerpo.
—Zacarías… tú tienes a Mónica. Tienes que cuidarla. Tú no te puedes morir. Yo… yo no importo.
—¡Pero tú también tienes familia! —le reclamó Zacarías, con los ojos rojos. También traía sangre en la comisura.
En ese instante, afuera se escuchó la voz de una mujer.
—¡Suéltenme… suéltenme… suéltenme! ¿A dónde me llevan?
—¡Martina! —Saúl la reconoció al instante.
—Saúl, ¿de qué hablas?
Saúl salió hecho la madre. Vio a unos hombres llevando a Martina a la fuerza.
—¡Martina! —gritó.
Era ella. ¿Qué hacía ahí?
—¡Saúl, ayúdame! ¡Ayúdame!
—¿Qué está pasando? —les exigió Saúl.
—Una disculpa, señor Rivas. Es alguien que nuestro jefe necesita. Vamos a llevarla con él. Les pedimos que regresen y esperen adentro.
Martina, viendo que ya se la llevaban, se apresuró:
—¡Saúl, puede que Cecilia también haya venido! ¡Me agarraron para obligarla! ¡Saúl, ayúdanos!
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia