Desde que Cecilia la corrió de Hacienda San Jerónimo, Noa todavía traía el rencor atravesado. Luego estafó a alguien y la fueron a buscar.
Sin salida, por recomendación de su familia, no le quedó más que casarse lejos.
En un lugar donde nadie la conociera.
Y ese lugar era Villa San Telmo: pobre, atrasado, rodeado de montañas, en medio de la nada.
La familia con la que se fue a vivir era todavía más miserable.
Ese día, Noa salió y, sin esperarlo, se topó a Cecilia en la orilla del río, arrastrada por la corriente.
Ni ella lo podía creer.
Recordó cómo Cecilia la había echado y, con todo el odio, la llevó a su casa.
¡Zas!
Noa le soltó una cachetada a Cecilia.
—Mírate nada más: medio muerta. Así me da gusto. Que hayas caído conmigo… es que el cielo sí ve.
En eso, entró un hombre.
—Noa, ¿es cierto que agarraste a Cecilia? —Gael Valdés llegó hecho la madre.
En cuanto oyó el rumor, fue corriendo. Era algo grande.
—Ahí la tienes. ¿No la ves? —Noa le lanzó una mirada a Cecilia.
Gael vio a Cecilia en ese estado, toda golpeada y malherida, y no lo podía creer.
—¿Qué le pasó? ¿Cómo terminó así?
Parecía que hubiera pasado por una matanza.
Él conocía bien ese tipo de heridas. Cuando Saúl lo encerró en aquel cuarto con lobos, él también salió hecho pedazos.
Se salvó, sí, pero se le quedó el odio.
Por eso, al saber que Noa la tenía, la sed de venganza le hervía.
—Gael, ¿qué piensas hacer con ella? —preguntó Noa.
—Venderla —escupió Gael, sin más.
—¿Venderla?
—Sí. No puede morirse en nuestras manos. Si Saúl se entera, nos mata. Pero si la vendemos, su vida o su muerte ya no es asunto nuestro.
Noa la miró con asco.
—Pero está hecha mierda… ¿quién la va a querer así?
Por esa zona, al ser frontera, había gente que se dedicaba a ese negocio: engañar personas y llevarlas a Nueva Cartuja para venderlas.
Pero Cecilia así… ¿iba a dejar dinero?
—Claro que sí. Mientras respire, se puede. Allá el final es el mismo: la venden por partes. Ella todavía está viva, sus órganos sirven… y eso vale. Noa, tú ya llevas rato aquí, tú sabes moverte. A ver si consigues contacto. Hay que deshacernos de esto rápido y sacar lana, antes de que se nos haga tarde.
—Va. —Noa se levantó de inmediato para buscar a quién llamar.

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