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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 385

Berta apretó los dientes y le soltó una bofetada a Natalia.

Con todas sus fuerzas.

El golpe sonó durísimo.

A Natalia se le hinchó media cara en el acto, y hasta le salió sangre de la comisura de los labios.

—¡Berta! ¿Cómo te atreves a pegarme? —Natalia la miró con odio, como si quisiera despedazarla.

—Si tú me puedes pegar, ¿por qué yo no? —Berta dijo, satisfecha.

Natalia estaba que reventaba, pero sus hombres estaban tirados en el suelo, gimiendo. No tenía de dónde agarrarse.

—Mira, hagamos algo —dijo Cecilia, como si estuviera proponiendo algo razonable—. Por ser “hermanas”, hagan las paces. Natalia, te hincas y le pides perdón. Y ahí muere.

—¡No! ¿Por qué me voy a hincar ante ella? ¡No lo merece! —Natalia respondió al instante.

A ella siempre la habían consentido; era una princesita orgullosa.

Y con Berta… ya traían pleito de años.

—Yo digo que sí lo merece —soltó Cecilia, tranquila.

—Yo no me voy a disculpar. Cecilia, hoy me humillas y te juro que no te la voy a perdonar—

—Ah, ¿encima me amenazas?

Cecilia fue a la cocina y regresó con un cuchillo de cocina.

—¿Tú… qué vas a hacer?

Un grito desgarrador llenó el lugar.

Cecilia, con una precisión quirúrgica y fría, le cercenó los dedos a uno de los guardias que estaba en el suelo.

Natalia abrió los ojos, temblando.

Hasta Berta se quedó rígida, con el estómago hecho nudo.

Cecilia, como si nada, levantó los dedos ensangrentados del piso y se los acercó a Natalia.

—¡No! ¡No te acerques! ¡No te acerques! —Natalia se quebró y empezó a llorar.

—Mira qué bonitos… Pero por muy bonitos que estén, no se comparan con los dedos de una señorita como tú. ¿Qué tal si tú también cooperas con unos cuantos?

Natalia temblaba de pies a cabeza.

Natalia se levantó para irse, pero Cecilia la detuvo:

—Espérate. ¿Así nada más?

Natalia la miró, aterrada.

—¿Qué más quieres? Ya… ya le pedí perdón.

—Vas a mandar a alguien a dejar esto como estaba. Lo dejaste hecho un desastre, ¿cómo se supone que viva aquí? ¿O también quieres que nosotras lo arreglemos?

Natalia entendió al instante.

Llamó por teléfono y mandó gente para ordenar y reparar todo lo que habían destrozado.

También trajeron muebles nuevos para reemplazar lo roto.

Y limpiaron el piso.

—Srta. Galindo… ¿ya está conforme? —preguntó Natalia, con cuidado.

Antes la despreciaba; ahora, ver a Cecilia era como ver a un depredador.

—Sí. Pero te voy a dejar una cosa clara: si vuelves a traer gente para meterte con Berta, me da igual dónde estés… voy a ir a buscarte, te voy a cortar los dedos, y todavía te voy a dejar la cara marcada. ¿Me oíste?

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