Aitana abrió los ojos, sin creerlo.
Su hijo siempre había sido el “ejemplar”: obediente, con buenas calificaciones, se fue a estudiar fuera… jamás le había llevado la contraria a la familia.
¿Y ahora?
—¡Dios mío! ¡Ya no quiero vivir! ¡Qué hijo tan malagradecido! ¡Te criamos más de veinte años! —Aitana se soltó llorando, hecha un drama.
Cecilia, viendo el espectáculo, pensó que al menos Teresa no se había equivocado con Sebastián: él sí estaba de su lado.
Se acercó a Teresa y le preguntó en voz baja:
—¿Tú qué quieres hacer?
Todo estaba tensísimo. Aunque Sebastián la defendiera, sus papás no iban a ceder.
De pronto, Teresa soltó la mano de Sebastián.
—Sebastián… hasta aquí.
—¿Qué? ¿De qué estás hablando? —Sebastián se quedó helado.
—Tus papás no están de acuerdo. Yo no quiero romper tu relación con tu familia. Y tampoco quiero que por mí vean menos a los míos.
Le gustaba Sebastián, y quería estar con él… pero sus papás la despreciaban.
Y si esto seguía, Thiago y Marina iban a terminar humillándose por ella. No quería ver a su familia perdiendo la dignidad.
—Teresa… —Sebastián se quedó sin aire.
Isabel se metió de inmediato.
—¿Ves? Ella ni te quiere. Tú te estás peleando con todos por ella y te deja botado a la primera.
—Cállate —le escupió Sebastián.
Luego miró a Teresa.
—Yo lo voy a arreglar. Lo de mi casa no te va a afectar.
—Perdón, Sebastián. No somos buena idea.
Thiago y Marina la miraron con dolor, pero no podían obligar a nadie.
De hecho, la familia Fernández solo iba a pensar que Teresa se les estaba “pegando” porque no tenía opciones.
Cecilia se acercó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia