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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 451

Traía un cuchillo en la mano y, aprovechando que Saúl no estaba atento, lo atacó por la espalda.

—¡Saúl, cuidado! —se oyó un grito.

Saúl volteó y vio a Anaís lanzarse hacia él.

El cuchillo se le clavó directo en el hombro.

El tipo, al ver que no lo logró, salió corriendo de inmediato.

—¡Anaís! —Saúl se quedó helado y la alcanzó a sostener.

—¡Ayuda! ¡Que venga alguien! ¡Rápido!

Esteban se bajó del carro. Al ver la escena, se puso igual de nervioso.

—Señor Rivas, ¿qué pasó?

—¡Hubo un ataque! Avísale a seguridad, ¡que lo agarren como sea!

—Sí, señor.

Esteban salió tras él. Saúl la cargó como pudo, marcó al 911 y esperó la ambulancia; en cuanto llegó, se la llevaron al hospital.

—Saúl… Saúl… tengo miedo… —Anaís lo miró, hecha un mar de lágrimas.

—No hables. La ambulancia ya viene.

Por el ataque, también llegó la policía a investigar.

Esteban se quedó a cargo de todo por ese lado.

—¿Qué está pasando? —preguntó Claudia, confundida al ver a tanta gente moviéndose.

—¿No te enteraste? A Saúl lo atacaron en el estacionamiento —dijo Kevin.

—Y? ¿Se murió o qué?

—No. Anaís se metió a “salvarlo”. La neta, qué necesidad… Si no se mete, el que se muere es Saúl. Y eso sí hubiera estado buenísimo —dijo Kevin, disfrutándolo.

Claudia le echó una mirada de desprecio.

—¿Y tú por qué no te mueres?

Lo que más le chocaba era Kevin: un inútil, pero con labia. Siempre sabía cómo endulzarle el oído a Cristian, y por eso Cristian lo consentía más que a nadie.

—No te preocupes, me voy a morir después que tú —dijo Kevin, muy quitado de la pena, y se fue.

Claudia lo vio alejarse y juró por dentro que iba a encontrar la forma de sacar a Kevin del camino.

Si Kevin se iba, la única que podría competir con Saúl sería ella.

Estaba difícil no sospechar que todo era un montaje.

***

En el hospital, Anaís ya estaba fuera de peligro después de la emergencia.

Cuando despertó y vio a Saúl ahí, por fin se sintió tranquila.

Le agarró la mano con cuidado.

—Saúl… Saúl…

—Ya despertaste. ¿Te duele?

—Un poquito… pero con verte, se me pasa. Lo importante es que tú estás bien.

—Descansa. Voy a buscar al doctor.

Saúl se levantó, pero Anaís le jaló tantito de la ropa.

—Saúl… no te vayas, ¿sí? Quédate conmigo un ratito… te lo pido.

Saúl volteó. Al verla tan débil, no tuvo corazón para negarse.

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