¿Cómo dieron con la casa de los Galindo?
Isabel se mordió el labio, satisfecha.
De pronto le sonó el celular.
Contestó y luego le dijo a la abuela:
—Abuela, peor todavía. Por esto, los empleados ya se están alborotando. No entraron a trabajar; están reunidos afuera de la planta protestando.
A la abuela casi le da algo del coraje.
—Cici, ¿cómo puede ser? Cuando nos fuimos, todo estaba… más o menos controlado —Thiago estaba todavía más confundido.
—Aquí alguien está echándole gasolina al fuego. Papá, aguanta —dijo Cecilia.
—Tío, yo digo que ya no deberías seguir como director general. Mira en qué se convirtió la empresa contigo —lo presionó Santiago.
Isabel volteó con la abuela.
—Abuela, la empresa necesita un cambio. Solo así se calma la gente.
A la abuela le temblaban las manos del coraje.
Miró a Thiago.
—Thiago, ¿algo que quieras decir?
Thiago soltó un suspiro.
—Mamá, no tengo nada más que decir. Haz lo que creas conveniente.
—¡Perfecto! Entonces, desde hoy le entregas el puesto de director general a Facundo. Y también vas a soltar tus acciones de la planta. ¡Nomás estorbas!
—Está bien. Ahorita mismo hago la entrega —aceptó Thiago.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia