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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 743

—General Méndez, si no entienden… bórrenlos. Primero, a esa mujer: ¡dispárenle! —ordenó Alexander, señalando a Cecilia.

Cecilia no se alteró ni tantito. Si Zacarías había llegado, era porque traía todo amarrado.

Justo cuando el blindado iba a dispararles, de pronto el cielo retumbó.

Un avión de combate apareció arriba.

Soltó una bomba y voló el blindado del grupo armado en pedazos.

—¡Todos al suelo! —gritó Cecilia.

La gente se tiró de inmediato.

Cecilia jaló a Mónica y se cubrieron a un lado.

El lugar se llenó de humo. El blindado quedó hecho polvo, y los hombres del grupo armado tuvieron un montón de muertos y heridos; los que quedaron vivos empezaron a correr por todos lados.

En eso entró otro grupo, y se armó otro enfrentamiento.

El avión siguió soltando bombas, clavándolas justo donde estaba más cargado el enemigo.

Después del bombardeo, a los del grupo armado solo les quedó huir.

Alexander también se espantó; por poco lo alcanza una bomba.

Cuando terminó el ataque, el avión aterrizó en un área despejada.

¿Portón? ¿Cuál portón? Lo habían volado. Y la barda también. Afuera ya solo había terreno abierto.

El caos era total.

Cecilia vio que quien bajaba del avión era Saúl.

¿De verdad era él?

—Zacarías, ¿cuándo contactaste a Saúl? —preguntó Cecilia.

—Cecilia, el Sr. Rivas estaba preocupado por ti. Claro que iba a enterarse. Dijo que iba a conseguir apoyo, pero no me imaginé que él mismo viniera piloteando un avión de combate.

Saúl se quitó el casco, lo sostuvo a la altura de la cintura con una mano y caminó hacia Cecilia.

En ese momento, a Cecilia le pareció que el tipo se veía increíble.

Hasta al caminar imponía.

El porte… brutal.

Noa se lanzó, intentando irse con ellos.

Pero el avión ya había despegado. Lo único que alcanzó fue aire.

Por más que manoteó desde el suelo, no sirvió de nada.

Hospital.

Como Mónica y Cecilia traían heridas, Saúl les consiguió un hospital en la zona.

Después de atenderla, Mónica por fin mejoró un poco.

Abrazó a Cecilia con fuerza.

—Cecilia… yo sabía que ibas a venir por mí…

Había sido una experiencia demasiado extrema; seguro sería lo más inolvidable para Mónica.

—Ya pasó. ¿Todavía te duele?

—Me duele… Esta vez sí fue mi culpa. Ya no voy a hacer berrinche nunca. Si no fuera por mí, no los habría metido en esto.

—Ya, no hablemos de eso. Tú tampoco querías que pasara. Fue un accidente. Ahorita lo importante es que te recuperes. Voy a salir a conseguirte algo para el dolor.

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