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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 556

Al ver la actitud de Zacarías, el director Reyes ya no se atrevió a ponerse al tú por tú.

Cuando te topas con alguien que apenas salió del bote, ese tipo puede hacer cualquier cosa.

El dinero era importante, sí, pero su vida lo era más.

—Yo transfiero… yo… yo transfiero, ya…

El director Reyes agarró el celular y le marcó a su secretaria.

—Ahorita mismo… ahorita mismo transfiere veinte millones a la cuenta de Grupo Fonseca. ¡Ya, rápido!

—Director Reyes… ¿usted… usted está borracho? —la secretaria no lo podía creer.

Si hace rato se estaba aferrando a no pagar, ¿y ahora de repente iba a transferir?

—¡No digas tonterías! ¡Transfiere ya! ¡Muévete!

De este lado, Mónica revisó y, cuando confirmó que el dinero ya había entrado, le hizo una seña a Zacarías.

Zacarías soltó al director Reyes.

—Vámonos —dijo Mónica.

Zacarías le tomó la mano a Mónica y los dos se fueron del lugar.

—¡Ja, ja, ja! ¡No manches, qué a gusto estuvo esto! Ese director Reyes… con la carota de “yo mando”, y las veces que fui a buscarlo nomás me daba largas. ¡Ahora sí ya entendió! —Mónica se reía, agarrándose el estómago.

Pero entre risa y risa, se dio cuenta de que Zacarías le estaba apretando la mano.

—Tú… —Mónica intentó zafarse, pero él no la soltaba.

—¿Qué? ¿Ya te arreglaste y ahora ya no me conoces?

A Mónica se le subió el color a la cara.

—¿Qué traes? ¿Qué “ya me arreglé”? Zacarías, bájale. Ni se te ocurra pasarte de listo conmigo.

Hacienda San Jerónimo.

—Thiago, de verdad no puedes hacerte de la vista gorda. Es tu propio hermano. Tú sabes mejor que nadie cómo está el desastre en la empresa. ¿Isabel y Santiago qué van a poder sostener? Tú eres el hijo mayor de los Galindo, te toca cargar con esa responsabilidad.

—Ya estoy vieja… Si tuviera la fuerza de antes, ni vendría a rogarte. Tu papá murió joven; yo los saqué adelante como pude. No quiero que sean la gran cosa, nada más quiero que estén bien.

—Tú también eres papá. Ponte en el lugar de una madre… Si fueran tus hijos los que estuvieran en una situación así, ¿a poco no te urgiría?

Desde temprano, la señora no dejaba de insistirle a Thiago.

Thiago bajó la cabeza, avergonzado.

—Mamá, yo…

—¡Pa! ¡Buenos días! —Cecilia llegó justo para interrumpirlo.

Ella lo sabía: su papá era de los que ceden fácil. Aunque se mantuviera firme un rato, no iba a aguantar que le estuvieran metiendo ideas en la cabeza.

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