—¿Aarón, de verdad me quieres?
—Mi amor, por supuesto que sí. Desde tu primer día en la empresa, en cuanto te vi, no pude apartar la mirada. En ese momento pensé: «¡Cielos, ¿cómo puede existir una mujer tan hermosa y con tan buen corazón?!». El resto es historia, ¡me encantas!
—Y si... ¿si yo no tuviera nada? Si lo perdiera todo y me convirtiera en una persona normal, ¿seguirías queriendo estar conmigo? —preguntó Leticia, llena de inseguridad.
—Por supuesto, eres la única mujer con la que quiero casarme en toda mi vida. Sin importar lo que te pase o en qué te conviertas, ¡yo siempre te amaré!
Leticia se sintió aliviada al escuchar eso.
De esa forma, incluso si en un futuro Aarón descubría que ella era una simple mujer trabajadora sin ningún parentesco real con la familia Fonseca, él no la abandonaría, ¿verdad?
Aarón mantenía a Leticia entre sus brazos, con el corazón acelerado por la emoción.
Ahora que se había acostado con ella, Leticia le pertenecía.
¡Su futuro como el afortunado yerno de la familia Fonseca era prácticamente un hecho; nadie se lo quitaría!
Y si el director Fonseca llegaba a menospreciarlo por su falta de dinero, tampoco importaba; ya tenía el corazón de Leticia, y ningún padre le puede ganar a los caprichos de su propia hija.
—¡Leticia, te amo! ¡Te amo con locura!
Tras decir eso, Aarón volvió a lanzarse sobre Leticia.
Justo cuando ambos volvían a entregarse al fuego de la pasión, el celular de Leticia empezó a sonar de repente.
Sonó varias veces hasta que, fastidiada, ella por fin intentó contestar.
Aarón le arrebató el celular de las manos de inmediato.
—No contestes. Este es nuestro momento.
—Pero es mi familia quien me está llamando.
Aarón se quedó helado por un segundo. Al darse cuenta de que se trataba de alguien de la familia Fonseca, le devolvió el aparato de inmediato.
Leticia regresó la llamada.
—Bueno, ¿qué pasa?
Del otro lado de la línea, Matías Herrera habló con tono suplicante y preocupado:

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