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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 805

Él había probado en carne propia de lo que Cecilia era capaz; no era alguien fácil de someter.

Y mucho menos para Claudia.

—¿Qué pasa? Hace un minuto decías que ya no sentías nada por ella, ¿y ahora ya te estás preocupando?

—No es eso. Solamente quiero advertirte que Cecilia no es un blanco fácil. Sabe defenderse muy bien físicamente; ten mucho cuidado de no salir perdiendo tú. Claudia, la verdad, yo opino que deberías dejar las cosas por la paz. A fin de cuentas, ella y yo ya no tenemos ningún tipo de contacto.

—¡Ay, por favor! ¡Cállate la boca! —le ordenó Claudia con actitud prepotente.

Mientras más intentaba Ismael defender a Cecilia, más crecía el resentimiento de Claudia.

***

Durante los últimos días en la oficina, Miriam no le había hecho la vida imposible a Cecilia.

Parecía que Miriam simplemente había dejado de prestarle atención, limitándose a encargarle labores de rutina, sin su habitual tono venenoso.

Tanta paz resultaba verdaderamente extraña para Cecilia.

Al mediodía, recibió una llamada de Dalila.

—Bueno, Dalila, ¿qué pasa?

—Ce... Señorita Galindo, venga un momento a la casa de la familia Rivas, por favor. El joven Leandro está armando un berrinche otra vez porque quiere verla, y nadie puede calmarlo.

—De acuerdo, voy para allá.

Cecilia colgó la llamada y salió rumbo a la mansión sin darle demasiadas vueltas al asunto.

En el otro lado de la línea, Dalila bajó el teléfono y miró a Claudia, que estaba de pie a su lado.

—Señorita Claudia, ¿qué es exactamente lo que planea hacer? Obligarme a llamar a la señorita Galindo... ¿Acaso no es engañarla?

—Dalila, tú limítate a hacer exactamente lo que te ordeno y no te metas en lo demás.

—Pero es que esto no está bien. La señorita Galindo no tiene ninguna obligación con nosotros y, a pesar de ello, su buen corazón la ha llevado a cuidar al joven Leandro. Si la hace venir con engaños, en el futuro esto va a...

—Dalila, a ver, ¿quién manda aquí, tú o yo? ¡Cuánta habladuría! Vete a cuidar a mi madre. Y escúchame bien: más te vale no decirle ni una sola palabra de esto, o despídete de tu trabajo.

Ante la amenaza de Claudia, Dalila ya no se atrevió a chistar y se retiró con la cabeza gacha.

Sin embargo, muy dentro de ella, se sentía culpable por traicionar a Cecilia.

En el momento exacto en que Cecilia llegó a la residencia de la familia Rivas, recibió una llamada de Saúl Rivas.

—Cici, ¿qué haces?

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