La mujer no tuvo ni una gota de cortesía; fue bastante brusca.
Por desgracia, Cecilia seguía sintiéndose como un zombi y no tenía fuerzas para oponer resistencia.
Por fin entendía cómo se había sentido Saúl cuando quedó paralítico en La Franja del Norte. ¡Seguro había sentido la misma impotencia!
No, probablemente él la había pasado peor.
La cuidadora la sentó en una silla de un empujón. Acto seguido, entraron dos mujeres cargando unos maletines.
Sin mediar palabra, comenzaron a maquillarla y peinarla. Una vez que la dejaron impecable, sacaron un vestido de novia blanco y se lo pusieron.
Cecilia se miró de pies a cabeza y, de pronto, todo cobró sentido.
Justo en ese momento, Valeria cruzó la puerta.
Valeria les hizo una seña a las mujeres para que se retiraran.
—Señora Ledesma, ¿qué significa todo esto? —exigió saber Cecilia.
Valeria la ignoró por completo y la repasó con la mirada de arriba a abajo.
—¡Qué preciosa te ves! Eres una belleza nata. Este vestido te luce espectacular, ¡te queda a la medida!
—¿Sabes de dónde salió este vestido, Cecilia?

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