—Fueron Mercedes y mi mamá. Me dijeron que ahora ya eres mi esposa, así que solo puedo llamarte mi esposa.
Cecilia se quedó sin palabras.
«¡Esas dos viejas sí que saben qué enseñarle!»
—¡No me llames así! ¡No me gusta!
—No puedo. Mamá dijo que, si no te llamo esposa, te vas a escapar.
Después de decir eso, Leandro se acercó y empezó a intentar quitarle la ropa a Cecilia, dándole un buen susto.
Ella quiso empujarlo, pero no tenía nada de fuerza. Además, él era mucho más fuerte; al fin y al cabo, era un hombre adulto.
—¿Qué crees que haces? ¡Deja mi ropa en paz! ¡Suéltame! —gritó Cecilia.
—Pero, esposa, mi mamá me dijo que te quitara la ropa.
Cecilia sintió que iba a volverse loca.
«¡¿Qué más le enseñaron?!»
—¿Qué más te dijo tu mamá?
—Mi mamá y Mercedes me dijeron que te quitara la ropa, que luego me quitara la mía y que así durmiéramos los dos juntos. Y que, después de eso, ¡tendrías un bebecito en la panza! ¡Yupi, yupi, yupi!
Cecilia se quedó totalmente enmudecida ante tal tontería.
—Leandro, escúchame. Tu mamá y Mercedes te engañaron, así no se hacen los bebés. Mejor quítate de encima, ¿sí? ¡Me estás aplastando y me duele todo! ¡Me voy a enojar y te voy a dejar de hablar!
—¡No, no, no! ¡Yo quiero dormir con mi esposa! ¡Esposa, besito! ¡Quiero un besito!
Diciendo esto, Leandro acercó su rostro al de Cecilia, intentando besarla.
Parecía un cerdo buscando comida. Cecilia estaba estupefacta.
—Leandro, quita tus sucias manos de mí. Si intentas quitarme la ropa otra vez, ¡te juro que te vas a arrepentir!
Dijo Cecilia, apretando los puños en secreto.
Se escuchó un golpe sordo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia