Pero en ese momento, una gran cantidad de guardias apareció de repente y los rodeó.
La persona que iba al frente era Valeria.
—¿Pensaban irse? Me temo que no será tan fácil. ¿Acaso creen que pueden pisotearme? ¿Pensaron que entrar y salir de mi casa sería un paseo? —Valeria los miró con desdén.
—¡Maldita vieja! Yo fui el que hizo todo esto, así que arréglatelas conmigo, ¡déjala en paz! Tu propio hijo es un idiota que nadie quiere y por eso fuerzas a otras a casarse con él. ¡Qué sinvergüenza! Y pensar que Cecilia te trató tan bien antes. De haberlo sabido, hubiera sido mejor alimentar a un perro callejero. ¡De hecho, eres peor que un perro! —gritó Ismael con fiereza.
Sus palabras insultaron tanto a Valeria como a Leandro.
Valeria enfureció.
—¡Maldito mocoso! Desde hace tiempo que no me dabas buena espina. Sentía que te acercabas a mi hija Claudia con dobles intenciones, y resulta que no me equivocaba. Ya que hoy viniste a buscar tu propia ruina, no me culpes. ¡Tráiganlo y rómpanle las piernas!
Los guardias se abalanzaron sobre él, así que Ismael tuvo que soltar a Cecilia para empezar a pelear.
A los ojos de Cecilia, esos guardias eran simples matones, fáciles de derrotar.
¡Pero Ismael no sabía pelear!
Siempre había sido un niño rico malcriado, alguien que vivía del dinero de su familia. No era rival para esos hombres.
Pronto, le empezaron a dar una paliza terrible.
—¡Deténganse! ¡Mamá! ¡Deténganse! —gritó Claudia, que acababa de llegar.
Al ver a Ismael recibiendo golpe tras golpe, se llenó de angustia.
—Claudia, a estas alturas, ¿todavía no lo entiendes? Este infeliz no te quiere para nada, solo te estaba utilizando, y tú todavía vienes a defenderlo.
—Mamá, no me importa. No quiero verlo morir. ¡Te lo suplico, mamá, diles que se detengan! ¡Que paren!
Claudia cayó de rodillas frente a Valeria, rogándole.
Toda su vida, Valeria había sido engañada emocional y económicamente por hombres miserables. Al ver a Claudia en esa actitud, su furia aumentó.
—¡Síganlo golpeando! ¡Denle con todo! —ordenó Valeria.
Al ver que Ismael estaba recibiendo una paliza, Cecilia empezó a guiarlo.

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