¡Valeria se estaba desquitando con ella!
—Señora Valeria, ¿qué estupideces está diciendo? ¡Le exijo que se lave la boca antes de hablar de mí!
—No estoy diciendo ninguna estupidez. Cristian, ya que estamos todos aquí, ¡quiero denunciar que Ainhoa te está poniendo los cuernos!
Al escuchar eso, a excepción de Cecilia, todos en la sala se quedaron atónitos.
El pánico se dibujó claramente en el rostro de Ainhoa.
A Zoe le brillaron los ojos. ¡No esperaba que el chisme estuviera tan bueno!
¡Valeria y Ainhoa se estaban destrozando!
Qué emoción...
Cristian miró a Valeria, sin poder dar crédito a sus palabras.
—¿Qué dijiste? ¿Que me engaña?
—Así es. Siempre ha sido la amante de Jaime. Se ven a escondidas muy seguido. ¡Te ha estado traicionando desde hace años!
En ese momento, Ainhoa clavó una mirada asesina en Cecilia.
Estaba segura de que había sido ella quien había soltado la sopa.
Cecilia no apartó la vista. Sí, ella lo había filtrado.
Había confiado ciegamente en Valeria en el pasado y por eso le contó ese secreto.
Pero, a fin de cuentas, Ainhoa se lo tenía bien merecido. ¡Ella fue quien mandó a que se deshicieran de ella en la costa!
¡Ese era su karma!
—¿Jaime? —Cristian frunció el ceño, como si estuviera atando cabos.
Ese tal Jaime siempre se había presentado como pariente de Ainhoa. Él creía que era una especie de hermano de crianza, así que no le parecía raro que mantuvieran el contacto.
¡Jamás imaginó que fueran amantes!
—¿Tienes alguna prueba? Señora Valeria, si no tiene pruebas, ¡no se atreva a ensuciar mi nombre! —dijo Ainhoa con los dientes apretados.
Valeria, que siempre había sido un cero a la izquierda, le acababa de soltar un gancho al hígado.
¡Y ella había bajado la guardia!
Valeria sonrió con desdén.

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