—¡Papá! ¡Papá!
Inés corrió de inmediato para revisarlo. En toda la casa, ella era la única que de verdad se preocupaba por Cristian.
Zoe sonrió como desquiciada.
—Al final, nos quedamos sin nada… sin nada. ¡Todo es culpa de ustedes! ¡Todo es su culpa!
¡Por muy poco, todo el imperio de los Rivas habría sido de ella y de su hijo!
—¡Jajaja! ¡Es el karma! ¡El mismísimo karma! —soltó Valeria, riendo a carcajadas.
La situación parecía perdida, pero de repente las cosas dieron un giro espectacular. Su hijo era brillante.
Al ver a Cristian desmayado del coraje, Valeria sintió una profunda satisfacción. Con esto, era muy probable que el viejo no volviera a ponerse de pie nunca más.
Cecilia suspiró en silencio. ¡Qué circo había armado la familia Rivas! No se esperaba que Leandro tuviera semejante carta bajo la manga; ese hombre no daba un paso en falso. Si algún día se convertía en enemigo de Saúl, las cosas se pondrían muy feas para él. Definitivamente, todos los Rivas eran peligrosamente calculadores.
***
Hospital.
Después de ser trasladado de emergencia al hospital, Cristian logró sobrevivir. ¡Pero el infarto cerebral lo había dejado paralizado de nuevo! Estaba igual que la última vez: podía mover los ojos y la boca, pero no lograba articular ninguna palabra. Cada vez que intentaba hablar, su cuerpo entero sufría espasmos.
Cecilia y Saúl fueron a visitarlo. Al ver a Cecilia, el rostro de Cristian se iluminó de esperanza, como si le estuviera suplicando con la mirada que lo curara.
Pero Cecilia fue contundente:

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