Entrar Via

Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 934

—¡Si no me dices la verdad, hoy mismo mando a que te maten a golpes!

Cristian llamó a los guardias para que sujetaran a Kevin.

Kevin estaba muerto de miedo.

—¡Papá, no puedes hacer esto! No puedes tratarme así, ellos te están mintiendo. ¡Es imposible que no sea tu hijo! —suplicó Kevin, desesperado.

Toda su vida había sido un niño mimado, orgulloso de llevar el apellido Rivas. Se pavoneaba por todas partes creyéndose el dueño del mundo. Si se comprobaba que no era un hijo legítimo, su realidad se vendría abajo por completo.

Los notarios y el abogado, que solo habían ido a hacer un trámite rutinario, jamás imaginaron que terminarían presenciando los trapos sucios de la familia Rivas.

—Señor Rivas, me parece que lo mejor será dejar lo del testamento para otro día. Con su permiso, nos retiramos —le dijo el abogado, incómodo.

Cristian hizo un gesto con la mano, indicándoles que se fueran. Al fin y al cabo, no era prudente que gente ajena a la familia escuchara semejante escándalo.

Al ver que Zoe seguía sin abrir la boca, Cristian ordenó:

—¡Llévense a este inútil al sótano y échenselo a los perros!

—¡Papá, no lo hagas! ¡Papá! —En ese preciso momento, Inés Rivas regresó a la casa.

Había estado en el extranjero por una exposición de arte y volvió en cuanto se enteró de los problemas familiares. Apenas cruzó la puerta, se encontró con aquel caos.

Cristian, que parecía estar al borde de la locura, miró a Inés y de repente también dudó de que fuera su hija.

—¡Quítate de mi vista! ¡Tú tampoco llevas mi sangre!

—Papá... ¿Qué estás diciendo? ¿Cómo puedes creer eso?

Al confirmarse que no era hijo de Cristian, Kevin se quedó paralizado.

—Entonces no soy… de verdad no soy… ¡Por qué! ¡Por qué me haces esto! —gritó Kevin de manera histérica.

—¿Y yo qué? ¿Qué hay de mí? —insistió Inés.

—¿Es necesario que lo preguntes? Tienes los mismos ojos, la misma nariz y la misma boca que tu padre; son idénticos. No importa cuántas pruebas de sangre te hagan, el resultado será el mismo.

Al escuchar la confesión salir de la boca de Zoe, Cristian sintió que le hervía la sangre. Había consentido a esa mujer por años, había amado a ese muchacho durante toda su vida, e incluso había estado a punto de entregarle toda su fortuna. ¡Y resultaba que ni siquiera llevaba su sangre! ¡Era un bastardo!

—¡Maldita! ¡Maldita mentirosa! —Cristian levantó la mano, dispuesto a golpear a Zoe nuevamente.

Pero antes de que el golpe aterrizara, perdió el conocimiento y se desplomó en el suelo.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia