—Muchacho, ¿quién diablos te enseñó a pelear así? —se sorprendió Omar.
En el fondo admitía que el hijo había superado con creces a su padre.
—¡Cállate y muérete!
Camilo lanzó otra ráfaga de ataques, pero Omar no era ningún novato. Los dos estuvieron forcejeando un buen rato sin que Camilo lograra derribarlo.
—¡Déjame ayudarte! —Cecilia dio un salto, interviniendo en la pelea.
Con el refuerzo de Cecilia, Omar no pudo soportar el asalto y fue sometido rápidamente.
—Ni te muevas, o te rompo el cuello —advirtió Cecilia, apretándole el cuello con fuerza.
Omar quedó completamente a su merced.
Por otro lado, los hombres de Saúl ya habían neutralizado a casi todos los matones de Omar.
El piso estaba repleto de cadáveres.
Pero este tipo de escenas eran el pan de cada día en el Estado de Nueva Cartuja.
—¡Mátalo, Saúl! —gritó Camilo, apretando los dientes de la rabia.
Había esperado ese momento durante demasiado tiempo.
—Tranquilo, no hay prisa. Aún tengo un par de preguntas para él.
Saúl se acercó lentamente, lo miró desde arriba y preguntó: —Hace un par de años, ¿fuiste tú quien me secuestró y me dejó inválido?
—¿Y si fui yo, qué? No tenía nada personal contra ti, solo seguía órdenes de alguien más.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia