—Hace años te inyecté un veneno letal y te fracturé hasta el último hueso. Quedaste convertido en un bulto inservible, jamás debiste poder ponerte de pie. Y sin embargo, mírame, estás aquí como si nada. ¿Quién demonios te curó? ¿Quién tiene un talento médico tan sobrenatural?
Esa era la gran duda que atormentaba a Omar.
Pero nadie iba a sacarlo de su ignorancia, porque ya nada de eso importaba.
Al escuchar su confesión, Saúl apretó los puños y le exigió: —¿Me estás diciendo la verdad? ¿No es puro cuento tuyo?
—¡Ja! Dicen que los hombres no mienten en su lecho de muerte. ¿Crees que tengo ganas de inventar mentiras a estas alturas? —soltó Omar con una risa seca.
Con esa sonrisa, era evidente que ya se había resignado a su destino.
Dicho esto, cerró los ojos.
Cecilia no hizo más que lanzarle una mirada a Camilo.
Camilo desenfundó una daga y se la clavó de lleno en el pecho a Omar.
Omar soltó un quejido ahogado y se desplomó contra el suelo.
Fue una puñalada rápida, certera y brutal, directo al corazón. Su muerte fue instantánea.
Esa venganza debía cobrarla Camilo con sus propias manos, por eso Cecilia le concedió el golpe de gracia.
Tras confirmar que Omar no respiraba más, Camilo soltó una carcajada de pura euforia.
—¡Lo maté!
—¡Por fin maté a Omar, vengué a mis padres!
—¡Este desgraciado por fin está muerto! ¡Jajajaja!
Camilo no cabía en sí de la emoción.
Durante todos esos años, su único sueño en la vida había sido destripar a Omar con sus propias manos para cobrar la sangre de sus padres.
¡Y al fin lo había logrado!
—¡Cecilia, por fin me vengué! ¡Cecilia!

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