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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1048

Camila miraba a Karina con una expresión sumamente compleja.

De repente sintió que Karina poseía una fuerza que hacía que los demás se sintieran pequeños.

Era un tipo de nobleza que trascendía las clases sociales y la riqueza.

Sus ojos, que habían visto de todo, mostraron una admiración abierta. Retiró lentamente la mirada de Karina, barrió la sala y dijo:

—Cinco mil millones, donados así como así. La jugada de la señorita Leyva va mucho más allá de la simple «caridad».

—Una vez que este dinero se haga efectivo, no solo recuperará con creces la reputación del Grupo Juárez, sino que elevará esta marca centenaria a una altura social sin precedentes.

Hizo una pausa, profundizando el tono: —Eso es tener verdadera visión.

Luego, su mirada se afiló como una navaja y se dirigió al directivo que había estado gritando.

—Considero que los tres votos de la señorita Leyva no solo son válidos, sino que tienen un peso inmenso.

—Si alguno de los presentes cree que también puede sacar cinco mil millones para retribuir a la sociedad, puede levantarse ahora mismo y oponerse.

Camila se detuvo y su tono se volvió gélido.

—¿Alguien más tiene alguna objeción sobre el derecho a voto de la señorita Leyva?

La sala de juntas estaba en silencio total.

Ante tal situación, ¿quién podría hablar? ¿Quién se atrevería?

Francisco tenía la cara lívida, la mandíbula tensa, pero no logró soltar ni media palabra.

Camila, observando a la multitud callada, no pudo evitar recordar lo que Karina le había dicho en la oficina:

«Si la venganza de Lázaro logra limpiar por completo el tumor de la familia Juárez, cortando toda la carne podrida...».

«El futuro de la familia Juárez tal vez sea mejor, más limpio».

«Si llega ese momento, no solo no seremos los villanos de la historia, sino los héroes de la familia Juárez».

Esas palabras, en este preciso instante, resonaban con fuerza.

Quizás, realmente debía confiar en Karina.

Camila respiró hondo y, al ver que nadie respondía, se puso de pie para dar el veredicto final:

—Dado que no hay objeciones, anuncio el resultado de la votación:

—En esta junta directiva, los votos a favor superan a los votos en contra.

—A partir de hoy, se retiran todas las acciones y derechos relacionados a nombre de Francisco y Boris.

Miró a Francisco con tono puramente profesional:

—Señor Francisco, le pido que abandone el Grupo Juárez hoy mismo. Todo el traspaso de funciones será recibido por el señor Franco y la señora Tatiana.

Francisco bajó la cabeza, envuelto en una nube negra de la que no podía salir.

Las puertas se abrieron y todos se dirigieron a la oficina del presidente.

Al llegar a la puerta, los asistentes giraron con discreción hacia la oficina contigua para procesar el papeleo del traspaso.

Karina apenas entró a la oficina detrás de Lázaro y la puerta se cerró a sus espaldas.

Un segundo después, sintió que le agarraban la muñeca.

Lázaro la jaló directamente hacia la sala de descanso conectada a la oficina.

Cerró la puerta y le echó el seguro.

Antes de que Karina pudiera reaccionar, ya estaba contra la puerta.

—¡Mmm...!

El beso del hombre cayó sin previo aviso.

Urgente, feroz, con un salvajismo que parecía querer desahogarlo todo, ahogando por completo su respiración.

La mano de Lázaro se aferraba a su cintura con tanta fuerza que parecía querer fundirla con sus propios huesos.

Esa emoción, ese placer, todo se derretía en ese beso.

Normalmente, él se contenía.

Pero en ese momento, no quería aguantarse.

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