Entrar Via

Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1260

—¡Wow, este lugar es una locura de bonito!

Sebastián fue el primero en bajar del barco, quitándose los lentes de sol con una expresión de asombro exagerada:

—¡Así se ve el poder del dinero! ¡Lázaro de verdad no escatimó en gastos!

Beatriz y Olivia se abalanzaron directo hacia Karina y le dieron un fuerte abrazo.

—¡Te extrañamos muchísimo!

Todos reían y hacían bromas en medio de un caos alegre.

Karina saludaba y abrazaba a cada uno con una enorme sonrisa.

Yolanda, con lágrimas en los ojos, le acarició la mejilla con ternura:

—Estás más delgada, ¿segura que has estado comiendo bien?

Karina contuvo las lágrimas y negó con la cabeza:

—Para nada, es que todo se ha convertido en músculo. Mire, si no me cree.

Levantó el brazo para mostrarle a su madre unas líneas musculares que apenas se notaban.

Yolanda se echó a reír y negó con la cabeza, aliviada.

Pero en la mente de Karina aparecieron de pronto las figuras de dos niños pequeños.

Se moría de ganas por preguntarle a su madre cómo se habían adaptado los niños desde que ella se había ido.

Pero las palabras se le quedaron atoradas en la garganta y prefirió no decirlas.

Si preguntaba así de la nada, solo lograría preocupar a su madre.

Harlene le había dicho antes que, en casos como el suyo, necesitaba una descarga de adrenalina al borde de la vida o la muerte para poder recuperar la memoria.

Karina tomó una firme decisión en su interior.

En cuanto terminara la inauguración, iba a intentar todos los deportes extremos de la isla.

Seguro que intentándolo varias veces, lograría recordar todo.

¡Y una vez que su memoria regresara por completo y pudiera entenderlo todo, iría de inmediato a verlos!

—¿En qué tanto piensas? ¿No ibas a llevarnos al hotel?

Sebastián se quejó a su lado, sacando a Karina de sus pensamientos.

—Ah, cierto. Primero vamos a hacer el registro.

Karina reaccionó de inmediato y los guio hacia los vehículos que ya los estaban esperando.

Varios carritos de transporte los llevaron directamente al hotel.

Al llegar al vestíbulo, Karina sacó las tarjetas de las habitaciones que ya tenía listas y empezó a repartirlas.

—Hugo, tú compartes con Aarón.

—Beatriz, tú vas con Olivia.

—Abogado Sebastián, usted comparte con su asistente.

Todos tomaron sus tarjetas y parecieron satisfechos con los arreglos.

Al final, a Karina solo le quedaba una tarjeta en la mano.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador