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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1255

Afuera estaba Mónica.

Llevaba un elegante vestido largo de tirantes color champán, de una tela que se ceñía a su figura, resaltando sus curvas seductoras.

Su cabello, aparentemente despeinado, estaba arreglado con cuidado para caer perezosamente sobre sus hombros.

Al ver que Karina abría la puerta, se quitó los lentes de sol con calma, revelando unos ojos perfectamente maquillados y una sonrisa con un toque de burla.

La repasó de pies a cabeza y su mirada se detuvo en su cabello revuelto.

Mónica sonrió y dijo:

—Señora, con razón no apareció en la ceremonia de bienvenida de esta mañana.

—A esta hora... ¿y todavía no se ha levantado?

—Como dueña de este resort, ser tan dormilona... no da una buena imagen.

Karina frunció el ceño.

Ese día llegarían los invitados más importantes y la prensa a la isla, y Mónica, siendo la imagen de la marca, naturalmente tendría la bienvenida más ostentosa.

Desde el día anterior, Karina sabía que el resort había preparado un evento por todo lo alto para recibirla.

No solo el CEO, Rupert Wroth, estaría presente, sino que incluso Lázaro haría una aparición de cortesía.

Pero no esperaba que Mónica, apenas instalada, en lugar de ir a descansar, fuera directamente a buscarla.

La aversión que sentía volvió a surgir, pero considerando su estatus actual, no podía echarla así como así.

Preguntó con frialdad:

—¿Se le ofrece algo, señorita Mónica?

Mónica actuó como si no notara su tono distante y siguió sonriendo con dulzura:

—Nada grave. Solo pensé que tal vez hay algún malentendido entre nosotras y quería platicar con usted.

—Después de todo, ambas somos personas cercanas a Lázaro. No es bueno que estemos así de tensas, ¿verdad?

Karina sonrió con ironía en su interior, pero mostró una sonrisa cortés y superficial:

—Por supuesto.

—Pero como puede ver, acabo de despertar. Necesito arreglarme un poco, le pido que espere un momento.

—Claro, no tengo prisa. Tómese su tiempo.

Al decir eso, Mónica se hizo a un lado y, con total naturalidad, se coló en la habitación pasando junto a Karina.

—La espero en la sala.

Karina se dio la vuelta, incrédula, y vio a Mónica caminando hacia la sala con sus tacones altos.

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