En el vestíbulo.
Karina salió de detrás de la columna y observó cómo los números del ascensor se detenían en el último piso.
Se encogió de hombros con una sonrisa resignada.
—Parece que esta noche no veré a mi mamá.
Era adulta, por supuesto que entendía qué iba a suceder allá arriba.
Cuando una persona sentía tanta emoción, tanta felicidad, las hormonas solían dispararse.
Sobre todo cuando estaban junto a la persona que amaban.
El deseo de expresar esos sentimientos a través de la intimidad física era un instinto que llevaban en los genes.
Karina se dio la vuelta y se encaminó hacia la salida del hotel.
Mientras caminaba, esa sensación de pasión en el ambiente parecía haberse contagiado.
De pronto, sintió unas inmensas ganas de ver a Lázaro.
Extrañaba su fresco y agradable aroma, su cálido abrazo, sus besos intensos y apasionados, y...
—Lázaro...
Karina susurró su nombre.
En su interior, hizo una promesa silenciosa.
En cuanto él se apareciera sano y salvo ante ella, ¡sin duda se quedaría en la cama con él durante tres días enteros!
¡Recuperaría todo el tiempo perdido con intereses!
Se dio unas palmaditas en las mejillas acaloradas y levantó la mano para detener un taxi.
—A la Universidad de Harvard.
...
Cuando Karina abrió la puerta del área de descanso en el laboratorio, el ambiente estaba impregnado de olor a champán y pizza.
—¡Karina! ¡Al fin llegas!
—¡Rápido, rápido, te estamos esperando a ti, la heroína de este éxito!
Los estudiantes de doctorado la rodearon; en cada uno de sus rostros se reflejaba una gran emoción y felicidad.
Gracias al apoyo económico incondicional de Karina, su modelo de datos finalmente había funcionado.
En el momento en el que enviaron su proyecto para la competencia, varios de esos hombres casi lloran de alegría.
Santiago, sosteniendo dos copas de champán, dio un paso adelante.
—¡Karina! ¡Un brindis por ti! De no haber sido por ti, por ese millón, ¡nuestro proyecto habría fracasado hace mucho!
Karina aceptó la copa de champán y negó con la cabeza, sonriendo.
—Lo que hice no fue nada; ustedes fueron quienes trabajaron día y noche, dedicándole todo a este proyecto.
—Si ganan el premio, el mérito será de todos ustedes.
Harlene la abrazó por los hombros, con un tono lleno de envidia amistosa:
—Karina, eres el ejemplo perfecto. Hermosa, inteligente, adinerada, con una gran personalidad...

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