—¡Ka-ri-na Ley-va!
Pronunció el nombre entre dientes.
Si aquella vez ella no hubiera tenido ese conflicto con Lázaro, si no se hubiera ido por su carrera...
¡La mujer que ahora estaría al lado de Lázaro, siendo mimada y consentida por él, sería ella, Mónica!
¿Quién se creía que era Karina Leyva?
¡Solo había recogido al hombre que ella rechazó en el pasado!
Mientras más lo pensaba, más se enfurecía. Miró el celular negro en su mano y deslizó el dedo por la pantalla.
Un impulso la empujaba a entrar en los contactos y bloquear o borrar a Karina directamente.
De todas formas, Lázaro siempre había sido muy tolerante con ella.
Incluso si borraba a Karina, seguro que Lázaro no se enojaría de verdad con ella.
Con eso en mente, Mónica se armó de valor y tocó la pantalla.
Sin embargo, falló la contraseña dos veces seguidas.
Antes de que pudiera intentarlo por tercera vez, la puerta de la sala de descanso se abrió de golpe.
En cuanto Lázaro entró, sus ojos afilados como los de un halcón se clavaron en Mónica.
Para ser exactos, se clavaron en el celular que tenía en la mano.
Esa mirada era tan fría que asustaba.
Parecía un lobo solitario al que le habían invadido el territorio.
—¿Qué haces con mi celular?
Mónica se sobresaltó tanto que la mano le tembló. Rápidamente dejó el teléfono en la mesa, se acomodó el cabello detrás de la oreja con nerviosismo y forzó una sonrisa.
—N-nada... Solo vi tu fondo de pantalla.
—Lázaro, ¿la chica del dibujo... soy yo?
Lázaro frunció el ceño, se acercó con pasos largos y agarró el celular de la mesa.
Miró la pantalla. Era un dibujo de una pareja estilo caricatura, recordando su primera cita con Karina.
Él mismo le había pedido a un ilustrador que lo hiciera.
—Es mi esposa.
La sonrisa de Mónica se congeló por un segundo, pero luego levantó una ceja.
¿Karina?
¿Cómo iba a ser posible?
Ella había visto el perfil de Karina en la sede de JS Technologies, y en la foto tenía el cabello corto, por encima de los hombros.
Y la chica del fondo de pantalla tenía el cabello largo y ondeante, con un aire deslumbrante. Esa actitud perezosa y juguetona se parecía mucho más a ella.
Además, en aquellos años, ella siempre llevaba ese mismo peinado.

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