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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1185

—¡Escribir tu discurso de aceptación!

Harlene apretó los puños y lanzó un puñetazo al aire.

—¡Tienes que preparar el discurso más brillante, dominante y humillante de toda la historia!

—¡Cuando subas al escenario con ese trofeo, quiero que les des una bofetada en la cara a todos esos idiotas!

Al ver el entusiasmo de Harlene, Karina no pudo evitar sonreír.

—De acuerdo.

Dejó el vaso de agua en la mesa, se sentó frente al escritorio y abrió su laptop.

La verdad era que no ignoraba por completo los detalles de Aura Biónica.

Hace algún tiempo, mientras actualizaba la arquitectura del sistema de Sincronía, había investigado a fondo a Aura Biónica para conocer a su enemigo.

Sin embargo, le había dejado una sensación muy extraña.

Gran parte de la lógica central de Aura Biónica, e incluso sus patrones de codificación más sutiles, eran asombrosamente similares a sus propios planteamientos iniciales.

Era como si...

...los hubiera escrito ella misma.

Pero no tenía la costumbre de escarbar en el código fuente de los demás; eso era cosa de hackers.

Por lo tanto, no entendía la razón de aquellas similitudes.

¿Quizás solo era una coincidencia técnica, un caso donde distintos caminos llegaban a la misma conclusión?

Karina negó con la cabeza y apartó esos pensamientos.

Fuese o no coincidencia, esta vez Sincronía 2.0 representaba el fruto de todo su esfuerzo para renacer.

A nivel tecnológico, estaba completamente segura de que podía vencer a Aura Biónica.

Karina respiró hondo; su mirada se volvió aguda y concentrada.

Si iba a ganar, lo haría de la manera más espectacular posible.

Esta batalla no solo era por Sincronía, sino también por el Grupo Galaxia y por ella misma.

...

Era tarde en la noche.

El gélido viento soplaba por las calles invernales de Nueva York.

Sin que nadie se diera cuenta, gruesos copos de nieve comenzaron a caer, cubriendo la bulliciosa ciudad con un inmenso manto blanco.

Un lujoso vehículo blindado color negro se deslizó silenciosamente por la nieve y se detuvo con suavidad frente a la entrada del Hotel Hilton.

La puerta del auto se abrió y una figura alta y esbelta descendió.

El hombre llevaba un abrigo negro de lana. Tenía el cuello subido, ocultando la mitad de su rostro.

A pesar de ello, su mirada profunda y gélida seguía siendo imponente, irradiando un aura de autoridad que obligaba a cualquiera a mantener la distancia.

Era Lázaro Juárez.

Detrás de él, su asistente personal Mariano abrió rápidamente un paraguas negro para cubrirlo y le informó en voz baja:

—Director Juárez, ya lo he confirmado. Su esposa está arriba. Comparte habitación con la señorita Harlene del equipo.

Mariano observó la expresión de su jefe e indagó con precaución:

—Ya cambié la Suite Presidencial que tenía reservada por una habitación cerca de la señora.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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