—¿Y qué podría hacer ella? —La voz de Valentín rebosaba sarcasmo—. Lo único que hizo fue preocuparse porque temía que te engañaran, por eso fue a ver a Lázaro, para pedirle que te tratara bien.
—¿Quién iba a imaginar que ese tipo, al verla guapa y con dinero, se le iba a lanzar encima? Fati intentó defenderse y por eso él le rompió la mano.
—¿De verdad piensas defender a un tipo así? Uno que se la pasa coqueteando con todas, que a la menor provocación recurre a la violencia.
—Si no fuera porque Fati me suplicó que no llamara a la policía para no meterte en problemas, ya lo habría mandado a la cárcel.
—Pero tranquila, yo tampoco voy a dejar que se salga con la suya.
Karina reaccionó en automático:
—¿Y tú qué planeas hacer?
De inmediato, su tono se volvió cortante.
—Valentín, más te vale averiguar bien qué fue lo que Fátima le hizo a Lázaro.
Valentín soltó una risa burlona.
—¡Por favor! Si hasta la mano la tiene rota, ¿qué le podría haber hecho? Y aun así, sigue preocupándose por ti, Karina. ¿Acaso no podrías pensar en ella por un momento?
—La verdad, no quería contarte esto, pero ya que ella anda inventando cosas, no me importa decírtelo: ella le puso algo a la bebida de Lázaro...
No alcanzó a terminar la frase, porque del otro lado se escuchó un grito de dolor:
—¡Ah... me duele mucho...!
Valentín, alarmado, cambió el tono al instante.
—¡Si necesitas agua, solo dímelo! ¿Por qué intentas ir por tu cuenta? Si te lastimas otra vez, ¿qué vamos a hacer?
La voz de Fátima sonó débil, casi como un susurro:
—Es que tú también estás lastimado, y me preocupo por ti...
—Ya casi estoy bien, ahora la que necesita cuidados eres tú. Tú descansa, yo me encargo de todo.
Karina no aguantó más el melodrama entre los dos. Sin pensarlo demasiado, colgó.
Luego de unos segundos, abrió WhatsApp, escribió un mensaje y se lo mandó a Valentín.
[¿Sabes lo de Fátima y los servicios? Si no tienes idea, más te vale averiguar.]
...
Mientras tanto, Valentín ayudó a Fátima a acomodarse bien antes de revisar el mensaje de Karina.
Al leerlo, frunció el ceño con fuerza.
¿Servicios?
Mordiéndose el labio y con los ojos enrojecidos, Fátima respondió:
—Yo... yo no sabía que era un bar. Solo seguí a Lázaro, y nunca imaginé que me llevaría a un lugar así...
De pronto, cambió de tema, fingiendo preocupación:
—Pero ¿por qué Lázaro va a esos lugares? ¿No es eso una traición para Karina?
Valentín seguía con el gesto adusto.
—Si te lastimaste hace tres días, ¿por qué hasta ahora vienes al hospital?
Fátima ni loca le iba a contar que la detuvieron por andar contratando servicios y que su madre tuvo que soltar una buena cantidad de dinero para tapar el escándalo. Por eso, ni se atrevió a salir de la casa en dos días.
—Es que... tenía miedo de que te preocuparas. No supe cómo decirte, tampoco me animé a buscarte... Valentín, ¿acaso Karina te habló de esto?
Sus lágrimas, grandes como perlas, caían sobre su mano vendada. Con su mirada suplicante, buscaba conquistar el corazón de Valentín.
—Me preocupa mucho Karina. Imagínate, su esposo frecuentando lugares así, dicen que todo es un caos allá dentro...
Valentín la observó, notando su cara pálida y la muñeca envuelta en vendas. Todo rastro de duda se desvaneció, reemplazado por culpa y coraje.
—Deja eso en mis manos. Tú solo recupérate. Te juro que quien te lastimó va a pagar lo que hizo.

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