Entrar Via

Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 205

Karina levantó la cabeza de golpe y se topó con la mirada seria del hombre. Sus ojos brillaron de emoción.

¡Por fin podía hacer lo que tanto había querido!

Sin pensarlo dos veces, se giró rápidamente y fue directo hacia Raquel.

En cuanto llegó, la tomó del cuello de la camiseta sin dudar y comenzó a abofetearla una y otra vez, de un lado y del otro.

—¡Paf! ¡Paf! ¡Paf!—

El sonido de las palmadas retumbó en todo el café.

Raquel, enfurecida y desesperada por el dolor, gritó:

—¡Karina, maldita! ¡Voy a hacer que mi tío te mate! ¡Te va a matar!

Intentó defenderse, pero el dolor en sus costillas, que sentía rotas desde la patada de antes, no le permitía moverse.

Solo podía gritar con voz desgarrada:

—¡Ayuda! ¡Por favor, ayúdenme!

Pero el gerente del café, al ver a Lázaro solo de lejos, se apresuró a bloquear la entrada a cualquier empleado que intentara acercarse.

Algunos clientes que quisieron sacar su celular para grabar fueron detenidos amablemente por el personal.

Karina siguió hasta que sus propias manos le hormiguearon y dolieron. Finalmente, se detuvo, sacudiendo la muñeca para aliviar el ardor.

Aunque sentía dolor en la mano, por dentro no podía estar más satisfecha.

Miró a su mejor amiga, quien estaba paralizada del susto, y se preparaba para levantar a Raquel y seguir con la golpiza.

Pero la voz del hombre sonó de nuevo, impasible.

—Ya estuvo, vete de aquí.

Karina se quedó sorprendida por un segundo, pero no tardó en reaccionar. Rápido tomó su laptop, y salió del lugar sin mirar atrás.

Después de que Karina salió, Raquel, con la cara hinchada y la voz entrecortada, seguía mirando con furia hacia Lázaro, balbuceando insultos.

El gerente del café se acercó de inmediato, inclinándose respetuosamente ante Lázaro.

—Señor Boris, ¿quiere que le ayude a darle otra lección a esta mujer que no aprende?

¿Señor Boris?

Raquel abrió los ojos a más no poder, mirando fijamente al hombre de lentes dorados.

Le preguntó a Jimena, quien le contó que Lázaro se había ido poco después que ella.

Supuso que tal vez había regresado a la estación de bomberos.

Karina se sentó un rato a platicar con su madre, y luego volvió a sumergirse en el trabajo con su laptop, aprovechando cada minuto.

No fue hasta el atardecer que Lázaro regresó a la habitación.

Esta vez, venía acompañado de Sebastián.

Sebastián entró de manera relajada, cargando varias cajas de suplementos. Después de saludar efusivamente a la señora Yolanda Sierra, se sentó junto a Karina y adoptó un tono serio.

—Belén ya me contó todo lo que pasó contigo —hizo una pausa—. Si te soy sincero, esto está complicado. No tienes pruebas directas, así que quitarle a Fátima el derecho de autor sobre el sistema, está casi imposible, a menos que ella misma lo admita.

Karina frunció el ceño. Conociendo a Fátima, si se había atrevido a robar tan descaradamente, no había forma de que fuera a confesarlo.

—Pero, hay otro camino —Sebastián lanzó una mirada cautelosa a Lázaro y tosió antes de continuar—: Valentín. Si lo que te robaron fue entregado a Fátima por Valentín, solo necesitas que él lo confiese. Si acepta testificar, podrías recuperar todo.

Lo que Sebastián no se atrevió a decirle era que, aunque Valentín la había traicionado, las cosas que había hecho por Karina últimamente demostraban, para cualquiera que tuviera ojos, que ese hombre no la había superado.

Mientras Karina quisiera buscarlo y estuviera dispuesta a dejar el orgullo de lado, Valentín podría aceptar testificar, algo mucho más probable que esperar que Fátima tuviera un ataque de conciencia.

De forma instintiva, Karina también volteó a ver a Lázaro.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador