Karina se levantó de la cama, y sin querer, su mirada se deslizó por la figura del hombre. La tela del pijama hospitalario se tensaba marcando un bulto evidente. Al notarlo, el calor le subió otra vez a las mejillas.
Carraspeó bajito y, algo avergonzada, murmuró:
—Bueno… ¿por qué no sales en un rato?
Si alguien afuera veía esa escena, seguro pensarían que el hombre era poco menos que un pervertido.
El hombre bajó la mirada, reparando en el estado de su propio cuerpo. Con resignación, se masajeó el entrecejo y se sentó de nuevo sobre la cama.
Karina se apresuró hacia la puerta, pero solo la abrió lo justo para poder salir de lado. Se escabulló y cerró de inmediato tras de sí.
En el pasillo, Valentín la esperaba. En cuanto la vio salir, sus ojos se clavaron en el cuello de Karina, donde una marca rojiza, recién hecha, resaltaba demasiado. Aquella señal dejaba claro lo que acababa de pasar en la habitación.
Las pupilas de Valentín se contrajeron de golpe; habló conteniendo una furia apenas domada.
—¿Lázaro sigue ahí adentro? ¿Qué estuvieron haciendo?
Karina levantó la mano y, con la punta de los dedos, se acarició la marca. Alzó la barbilla con descaro, como si quisiera que la vieran.
Después de todo, Lázaro le había dejado esa marca, y no tenía intenciones de ocultarla.
Curvó los labios en una sonrisa retadora.
—¿No es bastante obvio?
El rostro de Valentín se tensó, la rabia y los celos le hervían en la mirada. Sin pensarlo, le sujetó la muñeca con fuerza.
—Ven conmigo.
Tirando de ella, la arrastró por el pasillo hasta la terraza al fondo del edificio.
Solo entonces la soltó, pero su mirada seguía tan dura como una piedra.
—Karina, ¿puedes al menos respetarte un poco?
Karina soltó una carcajada seca.
—¿Respetarme? Estoy con mi marido, ¿y todavía me sales con eso?
La respuesta lo dejó sin aire, los celos se le subieron hasta los ojos y parecía a punto de explotar.
Sin embargo, se contuvo, recordando a qué había ido a buscarla.
Con un golpe, Valentín pateó la pared cercana. Sacó una cajetilla de cigarros del bolsillo, encendió uno y aspiró con desesperación. El humo blanco se enredó entre sus labios, ocultando aún más su rostro sombrío.
Karina frunció el ceño y se apartó, caminando hacia la esquina opuesta de la terraza, buscando el viento. No soportaba el olor a cigarro.
Recordaba que Valentín había dejado de fumar por ella, porque sabía cuánto lo odiaba. No tenía idea de cuándo había recaído.
—Fátima no plagió tu Sistema Firmamento.
Valentín soltó una bocanada de humo, su voz era tan cortante que podía partir el aire.
—Hace un año consiguió un esquema parecido al Sistema Firmamento, pero fue tu papá quien se lo dio. Él le pidió que perfeccionara el sistema para usarlo en Grupo Galaxia y así aplastarte. Hasta hoy, Fátima no tenía idea de que el código fuente del Sistema Celeste salió de tu Sistema Firmamento.
—Ella no tiene la culpa.
Karina escuchó la explicación sin mostrar emoción alguna. Solo lo miraba, envuelto en humo y con la cara oculta bajo la sombra.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador