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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 240

La mirada de Lázaro, tan impasible como un muro de piedra, cayó sobre Valentín.

—¿El señor Valentín ya se volvió adicto a investigar identidades ajenas o qué?

Valentín sintió un dolor agudo atravesarle las costillas, tanto que de inmediato le brotó sudor frío por la frente y el color se le fue del rostro. Aun así, se aferró con fuerza, tragó saliva y forzó una risa burlona desde el fondo de su garganta.

—Tú, siendo solo un bombero, aunque tengas mil habilidades, dudo que tengas algo que ver con el señor Boris.

—Pero entonces, ¿quién demonios eres en realidad?

Por más que el tipo que tenía enfrente se pareciera a Boris como dos gotas de agua, la diferencia de presencia era abismal. Uno era un tiburón de los negocios, calculador y siempre con todo bajo control; el otro, un tipo con aire de rebelde, como salido de una pelea callejera.

Aun así, Valentín tenía claro que Lázaro no era ningún bombero común y corriente.

De pronto, le vino el recuerdo de aquella vez que mandó investigar a Lázaro y alguien de arriba lo llamó para advertirle, sin dar explicaciones, que se olvidara del asunto.

¿Quién, aparte de alguien con poder militar, podía lograr que el ejército actuara contra mercenarios, salir ileso y, encima, llevarse una medalla al mérito?

Ese tipo... tenía toda la pinta de tener un pasado en el ejército.

¿Militar? Entonces, la boda exprés de Karina con él, ¿sería lo que se dice... un matrimonio militar?

La idea le cayó a Valentín como un rayo, dejándole el corazón latiendo desbocado y la mente revuelta de miedo y rabia. Miró a Lázaro con unos ojos que casi querían despedazarlo en ese mismo instante.

Lázaro, por su parte, no se perdió ni el más mínimo cambio en la expresión de Valentín. Una sonrisa desdeñosa se dibujó en sus labios.

—¿No que muy capaz, señor Valentín? Si ni siquiera puedes averiguar quién soy, la verdad te sobreestimé.

Dicho eso, se dio la vuelta y, con toda naturalidad, tomó la mano de Karina. Su voz, antes dura, se volvió ahora cálida y suave.

—¿Ya quedó todo resuelto?

—Sí, todo listo —respondió Karina, con una sonrisa que decía más de lo que quería admitir.

Lázaro asintió satisfecho, la rodeó por la cintura y, acercándose a su oído—pero lo bastante alto para que Valentín escuchara—, soltó con tono cargado de doble sentido:

—¿Nos vamos a terminar lo que empezamos?

Ese “terminar” no dejaba mucho a la imaginación. Karina, aún con marcas rojas en el cuello y los ojos brillosos, no podía ocultar la huella de lo que habían estado haciendo antes de salir de la farmacia.

Los ojos de Valentín se abrieron como platos; intentó dar un paso para alcanzarlos, pero el dolor en las costillas lo obligó a detenerse de golpe, aspirando aire entre dientes. Apenas pudo sostenerse de pie.

Solo le quedó mirar, impotente, cómo Lázaro se alejaba abrazando a Karina, los dos tan cercanos que parecían hechos el uno para el otro.

Apoyándose en la pared, Valentín logró llegar al pasillo y pedir ayuda médica.

...

Días después, cuando Karina supo de Valentín otra vez, se enteró de que había vuelto al hospital.

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