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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 250

Las miradas que le lanzaban eran tan descaradas y llenas de malas intenciones que Karina sentía que, de no ser por el poco autocontrol que les quedaba, ya estarían encima de ella.

Aquellos tipos siempre se divertían jugando con mujeres, y ahora, ante la presencia de una chica tan pura y bonita como ella, se les notaba el hambre en la mirada.

Hasta ahora, solo porque Valentín la protegía, no habían tenido oportunidad de hacer nada.

Pero en ese momento, al fin habían encontrado su oportunidad y todos parecían desesperados por ser los primeros en aprovecharse.

Lázaro apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos crujieron.

Karina, sin perder la calma, puso la mano sobre la de él y presionó con firmeza, susurrándole:

—Tranquilo, déjame a mí.

Alzó la cabeza y, con una media sonrisa desafiante, les soltó:

—¿Quieren que juegue con ustedes? Lo que me preocupa es que ni siquiera tengan el valor… o la suerte.

Los tipos estallaron en carcajadas. Uno de ellos gritó:

—Ja, ¿acaso crees que Valentín todavía te va a proteger? ¡Despierta! Ahora está ocupado con Fátima, ¿tú qué crees que eres?

Las risas y los comentarios siguieron en cascada.

—¿Y quién dijo que necesito que Valentín me cuide?

Karina volvió a intervenir, su mirada limpia y clara recorriendo a cada uno, pero, para sorpresa de todos, parecía sentir lástima por ellos.

—Yo estoy aquí porque el señor Francisco me invitó. Si alguno de ustedes se atreve a meterse conmigo, eso sería faltarle al respeto a él.

—Dicen que la última persona que hizo enojar al señor Francisco… bueno, el misterioso señor Boris se encargó de que ni sus cenizas quedaran.

—¿A poco ustedes también quieren probar cómo actúa el señor Boris?

Nadie allí ignoraba la leyenda del “demonio” de la familia Juárez.

El señor Francisco, siempre tan amable y cordial, jamás perdía los estribos, ni siquiera cuando alguien le hacía bromas pesadas sobre su silla de ruedas.

Pero su hermano menor, Boris, era todo lo contrario: un loco despiadado.

El señor Boris no permitía que nadie, absolutamente nadie, insultara a su hermano.

Se rumoraba que, la última vez que alguien se atrevió a faltarle al respeto al señor Francisco en una fiesta, no solo perdió toda su fortuna de un día para otro. Los hombres de esa familia terminaron con las piernas rotas en alguna mina ilegal del Medio Oriente, y las mujeres fueron vendidas a los peores rincones del sudeste asiático. Ni sus huesos volvieron a aparecer.

El nombre de Boris era un tabú en esa ciudad. Nadie quería meterse con él.

Algunos ya temblaban de miedo, pero uno todavía se atrevió a gritar desafiante:

—¡No vengas a asustarnos! ¿Cómo va a ser cierto que el señor Francisco te invitó?

Capítulo 250 1

Capítulo 250 2

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