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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 251

Su cabeza zumbó de repente, como si le hubieran dado un golpe, y sus mejillas se tiñeron de rojo, tanto que parecía que podían gotear sangre de lo encendidas que estaban.

—Mejor... mejor regresemos, ¿sí?

Karina tomó la mano de Lázaro, dispuesta a salir corriendo del lugar como si se le fuera la vida en ello.

Pero Lázaro, con un movimiento ágil, la jaló de vuelta. Se inclinó hacia su oído, tan cerca que su respiración ardiente rozó el lóbulo de su oreja, y le habló con esa voz grave y un poco ronca que la desarmaba.

—Si esto es lo que quiere el señor Francisco, sería un desperdicio no aprovecharlo.

—Además, a mí me parece que este lugar está bastante bien.

Sin darle oportunidad de replicar, la condujo directamente hacia la habitación principal.

El corazón de Karina palpitaba con fuerza. “Claro que está bien”, pensó, “esto es el paraíso para cualquier hombre”.

Sobre todo cuando la puerta del cuarto se abrió…

El impacto la hizo apartar la mirada de inmediato, sentía que los ojos le ardían de la vergüenza.

La enorme cama de agua estaba cubierta de pétalos de rosa rojos, perfectamente acomodados formando corazones entrelazados. Al lado, sobre una pequeña mesa, había un antifaz de seda, una pluma para juegos de cosquillas, y hasta unas botellitas de aceites cuyo uso prefería no imaginar…

Encima del buró, dos cisnes de adorno con los cuellos entrelazados posaban de manera casi obscena.

—¡Lázaro! —Karina ya había perdido la calma, aferrándose a su brazo como si se estuviera ahogando—. Esto de verdad ya es demasiado. Siento que el señor Francisco se pasó, me da mala espina… Mejor vámonos, ¿sí?

Lázaro bajó la vista y la observó.

Sabía bien que su hermano había planeado todo esto con segundas intenciones. Quería que se decidiera de una vez a tener un hijo. Seguro hasta había vaciado el cajón de condones.

Pero… ya estaban ahí.

Lázaro tragó saliva, y de pronto la levantó en brazos sin previo aviso. Karina soltó un grito ahogado al sentirse volar hasta caer sobre la cama mullida.

Él se inclinó sobre ella, el calor de su pecho traspasando la delgada ropa, y su voz volvió a sonar rasposa, tan seductora que le provocó un escalofrío.

—Estás pensando demasiado. Yo pregunté antes, y el señor Francisco es de los que agradecen de verdad. Quizá solo quiere que estés cómoda.

—Sería una lástima no aprovechar una suite tan interesante.

Karina sintió que el pánico le subía por la garganta. Sabía perfectamente qué clase de ideas pasaban por la cabeza de Lázaro.

Con la cara encendida, lo empujó con torpeza.

—¡Pero todavía tienes heridas!

—Ya casi sanaron.

Se inclinó aún más, y el aliento cálido le rozó la piel del cuello, su voz envolvente como un susurro tentador.

—Si no me crees… puedes comprobarlo.

¿Comprobarlo? ¿Cómo se supone que iba a “comprobarlo”?

Capítulo 251 1

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