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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 253

Lázaro se quedó mirando el rostro sonrojado de Karina durante un buen rato. Sus ojos intensos mostraron un destello de confusión, pero de repente se abrieron de par en par.

Por fin lo comprendió.

—¡Carajo!

El hombre soltó la maldición en voz baja y de inmediato se apartó de ella, como si algo lo hubiera picado.

Karina, que nunca lo había escuchado decir groserías, también se quedó pasmada.

Ahí estaba él, sentado en la orilla de la cama, sin una sola prenda encima, su espalda ancha dándole la espalda a Karina, el pecho subiendo y bajando con fuerza.

A pesar de la tensión y el deseo que emanaba de su figura, Karina no pudo evitar sentir una pizca de culpa y ternura.

Dudó un momento, pero se atrevió a picarle la espalda con un dedo.

—Si quieres… puedo ayudarte con la mano, ¿eh?

Total, no era la primera vez que lo hacía. Si acaso, podía volver a fingir que se desmayaba después.

El cuerpo de Lázaro se tensó de inmediato. Giró la cabeza de forma brusca, sus ojos cargados de deseo la fulminaron.

En ese instante, sin mediar palabra, la tomó entre sus brazos y la sentó a horcajadas sobre sus piernas.

Luego, sujetó su mano con firmeza.

Karina sólo pudo pensar:

¿Todavía estoy a tiempo de fingir que me desmayo?

...

[Se omite contenido explícito.]

...

Al día siguiente.

Karina despertó, como era costumbre, sintiendo el cuerpo molido.

Quiso estirar la mano para tomar su celular y ver la hora, pero los brazos le temblaban tanto que casi no podía sostenerlo.

Nada más recordar la avidez de Lázaro la noche anterior, le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.

De pronto, se acordó de algo y, alarmada, se incorporó de golpe para revisar las sábanas.

Tal como temía, había una pequeña mancha roja.

Sin perder tiempo, se envolvió en la sábana y corrió directo al baño.

El hombre, seguramente al escuchar el alboroto, entró desde afuera.

Vestía una bata de seda suelta, el cinturón apenas atado y ese porte elegante y un poco distante que tanto lo caracterizaba.

Por un segundo, Karina lo miró y le pareció ver al inalcanzable señor Boris.

Sólo dudó un instante, pero igual se metió al baño sin decir palabra.

Lázaro también había notado la mancha roja bajo la falda de Karina. Caminó hasta la puerta del baño y dio un par de toques.

—¿Quieres que te ayude con algo?

—¡No, no hace falta! —respondió Karina, casi por reflejo.

Capítulo 253 1

Capítulo 253 2

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