Esta vez, la cena benéfica era todo un evento, y no era para menos: el mismísimo presidente de Grupo Juárez, Francisco, la había organizado personalmente. El salón desbordaba de lujo y de gente importante.
Además, Francisco acababa de salir del hospital hacía poco, así que muchos que no habían encontrado cómo visitarlo antes, aprovecharon la ocasión para hacerse presentes, codearse con los grandes y, de paso, buscar una oportunidad para acercarse.
Karina entró del brazo de Lázaro. Apenas cruzaron la puerta, el bullicio y el brillo de los vestidos y trajes elegantes llenaron la atmósfera. Sin embargo, lo último que imaginó fue toparse de frente, apenas al llegar, con las dos personas a las que menos quería ver.
Al fondo del salón, Fátima avanzaba del brazo de su madre, Sabrina.
Fátima la miró a lo lejos y, con una sonrisa triunfal, levantó la barbilla como queriendo demostrar superioridad.
Karina no entendía qué tanto tenía que celebrar. Aunque su madre había gastado una fortuna para limpiar la imagen de Fátima en redes sociales, la verdad era que perder Sistema Celeste era un hecho consumado. Karina ya se había recuperado y salido del hospital, pero hasta ahora no había vuelto a Grupo Galaxia.
Si las cosas seguían así, aunque Karina no hiciera nada, Tomás no tendría cara para mantenerla como subdirectora del área de tecnología.
En el fondo, Fátima había perdido y de forma contundente.
Pero la alegría de Fátima se desvaneció en cuanto sus ojos se posaron en el hombre al lado de Karina. De repente, se quedó pasmada, incapaz de apartar la vista.
Apretó el brazo de su madre y, entre celos y asombro, susurró:
—Mamá, mira ese tipo… ¿Cómo es posible que Karina tenga tanta suerte? Hasta su esposo de matrimonio exprés está increíblemente guapo.
Sabrina siguió la dirección de la mirada de su hija.
El hombre vestía un traje blanco impecable. Un color que, en teoría, debería transmitir tranquilidad, pero en él, resaltaba una fuerza salvaje imposible de ocultar.
Sabrina, que había conocido a muchísimos hombres en su vida, tuvo que admitir que ese era un ejemplar fuera de serie.
La energía varonil y dominante que irradiaba era tan intensa que incluso a ella le despertó un cosquilleo interior.
En ese momento, entendió por qué su hija quería que le ayudara a conseguir a Lázaro.
Pero esa noche, tenían otros planes.
Sabrina retiró la mirada y bajó la voz:
—Mira, si logras convencer al señor Boris, ¿qué clase de hombre no vas a poder conseguir?
Dicho eso, jaló a Fátima en dirección contraria, metiéndose entre la multitud.
Karina no se perdió la mirada de asombro y deseo de Fátima.
Por dentro, soltó una risa de burla. Fátima era el perfecto ejemplo de quien se enamora de cualquiera que se le cruce. Pobre Valentín, tan enamorado de ella y ni en cuenta.
Karina, sin darle más importancia, llevó a Lázaro hacia una zona menos concurrida para buscar algo de tranquilidad.
Frunció el ceño y, en voz baja, preguntó:
—¿De verdad no hay forma de encontrar pruebas que relacionen a Sabrina con esos mercenarios? Me da mala espina… siento que no va a parar hasta hacerte daño. Si pudiéramos atraparla de una vez, sería perfecto.
Chasqueó la lengua, arrepentida.
Ese día afuera del hospital, debió haber encendido la grabadora del celular.
Pero pensándolo bien, con la puerta cerrada, ni aunque hubiera grabado habría servido de mucho.


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