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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 256

Karina volvió en sí de golpe, tosió con cierta timidez y apartó la mirada con nerviosismo.

—Eh… no, es que me acordé de que tengo unos libros de la carrera pendientes, voy a buscarlos para leer un rato.

Yolanda, quien llevaba un buen rato recostada en la cama del hospital observando a su hija en silencio, no se perdió ni un solo detalle.

Vio cómo Karina se quedaba mirando su propia mano, completamente distraída, y recordó también que la noche anterior no había regresado al cuarto tras salir con Lázaro. Una sonrisa cómplice, de esas que solo tienen las madres que ya han vivido de todo, se dibujó en su cara.

Yolanda tomó su propio libro y comenzó a hojearlo, fingiendo desinterés.

Pasaron apenas un par de días cuando Belén llegó de nuevo al hospital, cargando una canasta de frutas.

Después de platicar un rato con Yolanda, la curiosidad pudo más y, con esa chispa de chismosa que la caracterizaba, se acercó bajando la voz.

—¿Ya se enteraron? ¡La familia Galindo ahora sí está en la ruina!

Karina justo estaba pelando una mandarina para su madre, y al escuchar aquello, se le detuvieron los dedos.

Yolanda levantó las cejas, sorprendida.

—¿La familia Galindo? ¿Te refieres a la de Néstor?

—¡A esa misma! Fíjense que dicen que a Néstor lo denunciaron por abusar y acosar a varias muchachas ingenuas. Hay pruebas y hasta lo agarraron con las manos en la masa. La familia Galindo quiso arreglar todo con dinero, pero ni así pudieron tapar el escándalo. Perdieron todo el dinero, la empresa quebró de la noche a la mañana, y para colmo, igual lo sentenciaron a diez años.

Yolanda soltó una risa seca.

—Néstor siempre fue un inútil con cara bonita, nada más que se sentía intocable porque su familia tenía billetes. Eso lo ha hecho muchas veces, pero sus papás siempre compraban el silencio de las víctimas. Esta vez se metió con alguien que no debía.

Belén asintió con fuerza.

—¡Exacto! Gente como esa debe terminar en la cárcel y aprender a ganarse la vida trabajando.

Karina acercó un gajo de mandarina a los labios de su madre, pero por dentro no dejaba de darle vueltas al asunto.

¿Será posible que, lo que dijo aquel día sin querer, terminó volviéndose realidad?

Conociendo al señor Francisco y su carácter amable, jamás habría hecho algo tan drástico.

Así que el único que pudo tomar cartas en el asunto fue… el señor Boris.

De nuevo él, resolviendo los problemas que la familia Galindo podría haberles causado y ahorrándole a ella una futura venganza.

Karina suspiró para sus adentros.

Ese favor, lejos de disminuir, no hacía más que crecer.

...

Capítulo 256 1

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