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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 266

Gonzalo entró con el semblante endurecido, casi como si llevara una nube negra sobre los hombros.

Ahora mismo, solo le quedaba el doce por ciento de las acciones de Grupo Galaxia a su nombre.

Después de haber publicado esa carta de disculpa escrita a mano para defender a Fátima, con tal de calmar el escándalo y recuperar un poco su reputación, y para que Karina retirara la demanda, se había visto obligado a ceder, con el corazón destrozado, un tres por ciento adicional.

Cada vez que lo pensaba, sentía como si le arrancaran el alma.

Sin decir palabra, fue directo al escritorio y dejó caer dos carpetas sobre la mesa.

—Ya firmé.

Karina bajó la vista. Era el acuerdo de divorcio.

Tomó uno de los documentos y lo revisó; al final, por fin, aparecía la firma original de Gonzalo.

Esta vez, al menos, él había cumplido su palabra.

Ella le había arruinado los planes a Sabrina y a su madre, así que él, como prometió, había firmado.

Solo que…

Karina detuvo la mirada en las hojas. A simple vista, esas no eran las dos versiones que ella había enviado.

Mientras revisaba, sacó una pluma y comenzó a tachar todas las cláusulas del reparto de bienes que habían sido alteradas, reescribiendo una a una las correctas.

Si algo tenía Karina era memoria.

Ese documento lo había elaborado ella misma junto al abogado; cada palabra, cada línea, la tenía grabada.

Su intención era clara: quería que Gonzalo se fuera sin nada.

Pero él todavía intentaba meter mano al fideicomiso y la casa que pertenecían a su madre.

—¿Qué estás haciendo, Karina? —Gonzalo la miraba, indignado, mientras ella corregía el documento sin inmutarse, como si él no existiera.

Sin levantar la cabeza, Karina siguió escribiendo; el sonido de la pluma rasgando el papel llenó el silencio.

—¿Un hombre que engañó en el matrimonio y se robó los bienes familiares cree que tiene derecho a quedarse con algo?

—¡Tú…! —Gonzalo, fuera de sí, se abalanzó para arrebatarle los papeles.

Ni siquiera pestañeó. Solo dejó escapar una orden helada.

—Guardaespaldas.

De inmediato, los dos hombres vestidos de negro que estaban afuera entraron y, sin titubear, sujetaron a Gonzalo por los brazos, dejándolo inmóvil.

Gonzalo temblaba de rabia, la cara tan roja que parecía a punto de explotar.

Miró a su hija, impasible, que desde el principio hasta el final se había mantenido tranquila y firme. Gritó, incapaz de contenerse:

—¡Karina! ¿De verdad tienes que ser tan cruel? ¡Al fin y al cabo, soy tu padre!

Ella ni siquiera volteó. Soltó una pequeña carcajada, seca y cortante.

—¿Y acaso no fue más cruel lo que hizo mi padre?

Capítulo 266 1

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